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Valientes lentejuelas

Valientes lentejuelas

Columnas martes 24 de septiembre de 2019 - 03:14

No, no fue la derecha, ni los neoliberales, ni las oscuras y siniestras fuerzas de la reacción que se la pasan planeando golpes de estado blandos contra nuestro amado líder, ni la prensa fifí y chayotera, ni los empresarios, ni Fox ni Calderón los responsables de la renuncia de Pedro Salmerón al INEHRM, sino la santa inquisición de Twitter, cuya capacidad de linchamiento es absoluta y pesa más que cualquier recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

“No nos hagamos tarugos”, como dicen por ahí; si el nuevo gobierno hubiera querido mantener en su cargo a Pedro Salmerón, le habría valido una pura y dos con sal lo que dijeran sus linchadores. Lo hemos visto: cuando el gobierno de la 4T se emperra en una cosa, no hay razón o poder humano que lo haga cambiar de opinión.

A mi parecer, el “comando de valientes jóvenes de la Liga Comunista 23 de septiembre” de Salmerón, es el equivalente 2019 de la famosa columna de Nicolás Alvarado —de agosto del 2016— donde nos dejó en claro que no era nada fan de Juan Gabriel y en la que expresó que su rechazo por el cantante “…es clasista: me irritan sus lentejuelas no por jotas sino por nacas”.

Si no hubieran sido funcionarios públicos, lo escrito por Nicolás Alvarado y por Pedro Salmerón seguramente se habría debatido en sus respectivos ámbitos y no habrían trascendido. Pero llevamos todo el siglo XXI encrispados, divididos y enojados —la polarización ya podría enumerarse como una de las características del carácter de los mexicanos—, y dentro de esta lógica, palabras cuentan, las palabras pesan, las palabras definen y mucho más en la plaza pública.

Ninguno de los dos casos debió conducir a sus autores a la guillotina, pero aquí nadie se salva; ni derechas, ni izquierdas, ni los fanáticos de nuestro amado líder ni sus enemigos (aunque eufemísticamente les llame “nuestros adversarios”), todos están cortados con la misma tijera y el linchamiento sólo es el pretexto para desplegar banderas y sacar a relucir filias y fobias.

Los fanáticos de la 4T aprovecharon el río revuelto para acusar a los terribles y oscurantistas gobiernos neoliberales de haber ocultado la historia de los movimientos sociales de finales de los sesenta y principios de los setenta, de la guerrilla urbana y de la guerra sucia, lo cual es una flagrante mentira: fueron esos gobiernos los que crearon la Comisión de la Verdad, abrieron los archivos de la guerra sucia, de la Dirección Federal de Seguridad y crearon instituciones como el Inai.

Desde el inicio del siglo XXI no han faltado ensayos, crónicas, artículos, monografías, libros, novelas y documentales sobre la guerra sucia al alcance de todos. Las instituciones dedicadas a la historia han desarrollado investigaciones, han organizado foros, encuentros, seminarios cuyas conclusiones han permeado a la sociedad, a través de la divulgación, para ponerlas al alcance de cualquier lector.

Así al vuelo, en estos días circulan dos importantes obras: Tiempo suspendido.

Una historia de la desaparición forzada en México, 1940-1980 (Bonilla Artiga Editores) de Camilo Vicente Ovalle y Los años heridos. La historia de la guerrilla en México 1968-1985 (Planeta) de Fritz Glockner.

No existe tal censura. Pero sí hay un tema preocupante. Es un hecho que el gobierno de la 4T está construyendo su propia historia oficial y su propia narrativa histórica pero incurre en los mismos vicios que la historia oficial construida por el sistema priista: es maniquea, sesgada y a modo. Algunos miembros de la 4T han declarado que el triunfo democrático del 1 de julio del 2018 no se entiende sin los movimientos guerrilleros de los años setenta, así de simple.

Bajo esta lógica, resulta normal que el domingo 22 de septiembre, en la otrora residencia oficial de Los Pinos se le entregara el Premio Nacional Carlos Montemayor a dos guerrilleros que participaron en el asalto al cuartel Madera del ejército mexicano, localizado en Chihuahua, ocurrido el 23 de septiembre de 1965, hecho que marcó el inicio de la lucha guerrillera en México en el que uno de sus episodios más oscuros fue el asesinato del empresario Eugenio Garza Sada. Pero no se vayan con la finta, honrar a exguerrilleros no es apología de la violencia.

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/CR

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