Van 25 años sin el Viejo Indencente

Van 25 años sin el Viejo Indencente

Entornos viernes 08 de marzo de 2019 - 05:32


POR IVÁN FARÍAS

Charles Bukowski, poeta, escritor y pendenciero profesional nació el 16 de agosto de 1920, en Alemania, aunque con poco más de 2 años, él y su familia migraron a Baltimore, Maryland, Estados Unidos. Su padre era un exmilitar norteamericano de origen polaco y su madre germana, así que creció con una disciplina muy severa. El carácter inflexible de su padre, provocó severos enfrentamientos; de su madre, decía que no tenía corazón. Baltimore no auguraba ningún futuro, por lo que acabaron asentándose en Los Ángeles, cambio que favoreció al pequeño Bukowski, ya que a diferencia de Maryland, California en esos tiempos era apenas un grupo de pueblos polvorientos con mucha influencia mexicana.

UN JOVEN TÍMIDO

Sería ahí que el futuro escritor crecería en medio de la severidad paternal, el menosprecio y violencia escolar. Su rostro, lleno de cicatrices de un acné severo, y su timidez, lo hicieron poco amigable entre los hombres y menos querido entre las chicas, llegando a permanecer en su casa alejado de todos. Pero sería gracias a las visitas constantes a la Biblioteca Pública de Los Ángeles que encontraría su verdadera vocación, la literatura. En su libro autobiográfico La senda del perdedor, decía: “Las palabras no son aburridas, las palabras pueden hacer que tu mente vibre. Si lees y te permites sentir la magia, podrás vivir sin dolor, con esperanza, sin importar lo que te haya pasado”.

Cuando la biblioteca se incendió, Hank le dedicó un poema donde da cuenta de las lecturas que más le influyeron, iniciando por Hemingway y D.H. Lawrence, pasando por Fitzgerald y Dos Passos, hasta llegar a Chéjov y Dostoievski , amén de decenas d e p o e t a s . Sin embargo, sería un oscuro y casi olvidado escritor angelino quien le acabaría marcando la pauta de lo que debía hacer: John Fante. Cuando descubrió Pregúntale al polvo, se dio cuenta de que su vocación era escribir. Fante era un perdedor como él y como él mismo también, vivía en Los Ángeles, en Bunker Hill, no muy lejos de su casa.

ESCRITOR VAGABUNDO

Después de conocer las novelas protagonizadas por Arturo Bandini, quedaría marcado de por vida, al grado de que cuando firmó un contrato exclusivo con Black Sparrow Press, incluyó como clausula, que reeditaran toda la obra de John Fante. Sabiendo que un escritor necesitaba experiencias que contar, decidió viajar por todo el país. Fue en este periodo de diez años que Bukowski forjó la leyenda de poeta vagabundo. Si bien es cierto que abandonó la escuela y dejó la casa paterna, como bien acusan sus biógrafos, nunca dejó Los Ángeles más de dos meses seguidos, siempre tuvo una cuenta bancaria y por más sórdidas y decadentes que fueron los alojamientos en los que pernoctaba, jamás durmió en las calles.

Bukowski era un lobo solitario, un tipo que avanzaba a contracorriente. En aquel tiempo los poetas más reconocidos, la generación Beat, coqueteaban con el esoterismo y muchos vivían de las ayudas de sus familias acomodadas, además de ser muy activos políticamente. En cambio, Charles, nunca dejaba de trabajar, no importaba lo dura que fuera la resaca o la soledad que lo aquejaba. Trabajaba para ganarse el dinero del día a día, y también trabajaba golpeando la máquina de escribir para hacer poemas y relatos que eran continuamente rechazados por las revistas y periódicos a los que mandaba.

Su prosa, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, era descarnada, casi anecdótica, no había lugar para las grandes gestas, no había espacio para las hazañas de los ganadores. Sus personajes eran los desamparados, los que viven al margen, las prostitutas, los alcohólicos, los trabajadores, todos esos que no están contemplados en los libros de historia.

Sería en 1944 que una pequeña publicación llamada Story Magazine, acabaría comprándole el cuento: “Consecuencias de una extensa carta de rechazo”, que firmó como Charles Bukowski, quitándose el Henry, mismo que compartía con su padre. El cuento llamaría la atención de un agente literario de neoyorquino, al cual rechazaría.

Sería en 1956, luego de trabajar a jornada completa dentro del servicio postal de California, y ser ya una especie de leyenda urbana en el subterráneo angelino, que John Martin, un entusiasta de la escritura de Hank y con dinero suficiente como para patrocinarlo, le propuso un jugoso negocio: le daría $100 dólares al mes a cambio de que abandonara su trabajo y se dedicara tiempo completo a la escritura. Con este acuerdo de exclusividad, Martin fundó Black Sparrow Press, cuyo autor exclusivo era Bukowski.

Sin embargo, la cantidad no era suficiente para sobrevivir, por lo que Charles aceptaba invitaciones para leer sus poemas en lugares pequeños alrededor de Los Ángeles. Todo estallaría cuando Lawrence Ferlinghetti, invitó a Bukowski a San Francisco, capital del movimiento Beat, para una lectura de poesía en solitario en 1972. Este recital en la mítica City Lights, sería filmado por, el en ese entonces, joven cineasta Taylor Hackford. Volviéndolo una especie de estrella literaria que lo mismo encantaría a Sean Penn, a Bono o a al propio Mickey Rourke.

Bukowski murió hace 25 años, en su lápida en el Green Hills Memorial Park, están grabadas dos palabras: “Don’t Try”, “No lo intentes”. Una broma irónica proveniente de un hombre que nunca se venció.

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IM/CR

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