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Veinte años de chavismo
Veinte años de chavismo

Columnas viernes 08 de marzo de 2019 - 02:34


En febrero de 2019 se cumplieron veinte años de la toma de posesión de Hugo Chávez Frías como presidente de Venezuela. En vista de la atención internacional recibida por la crisis venezolana en semanas recientes, hubiera esperado una reflexión pública más profunda sobre el origen del movimiento político que se ha mantenido en el poder dos décadas en Venezuela.

Desde la ceremonia misma, Chávez empezó a romper las formas, cambiando el juramento de toma de protesta constitucional. “Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi pueblo que, sobre esta moribunda constitución, haré cumplir e impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos. Lo juro” manifestó Chávez. Esta ruptura de la tradición institucional no fue contestada por nadie y a partir de ahí, aquel país vivió a merced de los vaivenes emocionales del caudillo bolivariano.

Es posible extraer numerosas lecciones. La llegada al poder de Chávez obedeció al fracaso y desprestigio total de la clase política convencional. Embarrados de corrupción, no supieron ni quisieron atender las demandas sociales cuando pudieron hacerlo. Así, sectores cada vez más grandes de la población empezaron a ver con buenos ojos el chavismo. La clase política venezolana no hizo una autocrítica de sus errores y las insuficiencias de su modelo económico, de manera que muchos ciudadanos fueron capturados por la red clientelar del chavismo. La clase política convencional no modificó su discurso para adecuarlo a las nuevas circunstancias ni para ofrecer respuestas a la insatisfacción popular con el status quo. Continuaron la misma retórica previa a su derrota electoral en manos del chavismo. Concentrados en sus intereses monetarios, los políticos de siempre pensaron que Estados Unidos, las empresas transnacionales o los organismos internacionales los iban a rescatar. Siguen esperando veinte años después.

Por su parte, numerosos electores de clase media que votaron por el chavismo ansiosos de un cambio, empezaron a decepcionarse rápidamente por la admiración de Chávez hacia el castrismo cubano y el control estatal de todos los medios productivos. La crisis económica y la carestía tardaron, pero llegaron contundentemente. Cuando la clase media quiso retirar su respaldo, ya no había partidos políticos de oposición para defenderlos. Los borraron con sus votos. El discurso de “la partidocracia” en los medios de comunicación hizo estragos sobre el sistema democrático hasta eliminar cualquier fuerza política ajena al chavismo. Los medios de comunicación pagaron el costo de su perorata antipartidista cuando Chávez los sometió, expropió y controló a todos. La libertad de expresión se esfumó.

El chavismo sigue gobernando Venezuela, para desesperación y tristeza de quienes creemos en la democracia liberal. Paul Valery escribió en Política del espíritu “Nosotras, las civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales.” El chavismo demuestra que también las democracias son mortales.

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