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“Veo humanos, pero no veo humanidad”

“Veo humanos, pero no veo humanidad”

Columnas miércoles 29 de mayo de 2019 - 02:52


Este fin de semana se divulgó una fotografía que captaba a cientos de alpinistas haciendo cima en el Everest, pero con la problemática de que el único camino que se utiliza para ascender y descender estaba bloqueado por ellos mismos, creando un tráfico que los orillaba a sobrevivir o morir.

Mayo es el mejor mes para subir a la cumbre de la montaña y eso lo sabe el gobierno de Nepal quien otorga los permisos a quien desee subir la montaña más alta del mundo y los sherpas, pobladores del Himalaya que ayudan a los no tan experimentados a llegar a la cumbre.

Imaginemos esto, la madrugada del miércoles salieron 250 alpinistas, atletas y turistas con condición física, mas no preparados para este tipo de exigencias, hacia el Campamento IV que es el último tramo, a más de 8 mil metros de altura.

Por supuesto que todos se toparon entre ellos, y las filas de los casi 200 montañistas que lograron llegar a la cima, se sintieron apretados en el lugar más alto y con más espacio, justo allí donde debes de sentir el fuerte viento de libertad, pues no podían pasar. Llegaron a esperar más de dos horas para avanzar, con un cansancio hasta los huesos, con un oxígeno que se terminaba y con temperaturas menores a 30 grados, que les aumentaba el riesgo de cualquier accidente pulmonar, edemas cerebrales, hipotermia y congelación.

Si bien esta temporada de subir a la cima ha terminado, los números quedaron en el registro de este año de 11 personas fallecidas a causa de los largos tiempos de espera en el último tramo.

La primer imagen que vemos del montañista y guía, Ben M. Jones haciéndose un selfie con el reflejo de sus lentes es el claro ejemplo de lo que muchos, no él en particular, buscan al entrenarse por meses para subir a la cima del Everest: la foto.

Es interesante descubrir la frialdad a la que, como seres humanos, hemos llegado. Antes se culpó y se juzgó a Kevin Carter, fotógrafo ganador del Pulitzer por aquella imagen de un buitre y un niño sudanés desnutrido, en donde se le exigía las razones por las que decidió tomar la foto y no ayudar al niño a no ser comido por el animal.

Pero hoy, cientos de alpinistas y montañistas son capaces de cumplir su meta, sin importar encontrarse cuerpos de hombres o mujeres tirados en la nieve, derrotados por el cansancio, por el frío o por la ausencia de oxígeno, pero allí abandonados.

Se dice que este año ha sido el que más permisos ha otorgado el gobierno de Nepal para ascender, por una cantidad aproximada de 26 mil o 115 mil euros por persona y están obligados a ir acompañados.

¿Por qué el boom? Y aquí es en donde yo lo relaciono con el poder de la imagen. Según el estudio de la agencia de viajes online eDreams, las fotos que se publican en Instagram son clave para que los viajeros de hoy, decidan el destino a conocer.

Más del 56% de turistas de todo el mundo se fotografían y lo postean en Instagram, y el 79% de ellos deciden su destino a vacacionar por las fotos que vieron en la red social.

Entrenarse físicamente para hacer lo inimaginable, como subir el Everest o correr maratones, se ha convertido en un efecto a estudiar, porque hay quienes hacen trampa y no llegan a la meta, pero aparecen con una foto en sus redes diciendo “Lo logré” o pagan miles de dólares para que alguien los asesore mientras suben a la cumbre.

¿Y qué es lo que pasa? Esto.

Como diría el Principito “Veo humanos, pero no veo humanidad”.

Tw: @lauragarza
Instagram: @lauragarzag
Web: www.lauragarza.com

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/CR

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