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Vigilar al Chapo

Vigilar al Chapo

Columnas lunes 22 de julio de 2019 - 02:22


El viernes 30 de noviembre de 2018, a las doce de la noche, en el acto de entrega recepción de la extinta Comisión Nacional de Seguridad (CNS), pensé: Ahora sí ya puedo decir que en estos años no se nos fugó nadie.

En los tres años y tres meses que me correspondió coordinar a los tres órganos desconcentrados de la CNS: Policía Federal, prevención y readaptación social y servicio de protección federal, me quedaba clara que esa era una de las más importantes responsabilidades en el cargo.

El 8 de enero de 2016, la Policía Federal había capturado, en Los Mochis, a Joaquín Guzmán Loera, al Chapo, la única persona que se había escapado, dos veces, de un penal de alta seguridad.

En el Altiplano, después de la recaptura, el túnel seguía abierto. Es que está a disposición de PGR, decían. Se había decidido trasladar de nueva cuenta ahí al Chapo. En lo que equivalía a una señal de triunfo. Nosotros determinamos colapsar, en zonas estratégicas, el túnel. Cualquier multa será mejor a que se fugue de nuevo, decíamos.

Revisamos el penal, una vez más, desde la cocina hasta la aduana.

Pero el Altiplano no era un lugar seguro para el Chapo, en términos de su experiencia. El penal se había “conurbado” y las obras del Cutzamala debían seguir. Especialista, él, además, en túneles, drenajes, cañerías. Había que buscar, pues, un centro penitenciario donde se dificultara excavar. Por esos riesgos fue que lo trasladamos a Juárez, no porque se hubiera construido o iniciado la construcción de otro túnel.

Las corporaciones de seguridad penitenciaria tienen por misión, en términos de lógica, cuestiones “negativas”: Que no se fuguen las personas privadas de la libertad, que no se maten adentro, que no se organice un motín y se incendie el centro. El trabajo está bien hecho cuando nadie habla de él. Cuando las cosas no suceden.

Los riesgos, pues, seguían en el Altiplano. A pesar de que monitoreábamos al Chapo permanentemente, de que había guardias que vigilaban 24/7 las pantallas, de que la señal se replicaba en el teléfono celular, de que un grupo especial lo custodiaba y los elementos llevaban cámara en sus cascos, decidimos trasladarlo.

El Comisionado del Servicio de Protección Federal, había especializado personal en evaluación de riesgos en instalaciones estratégicas. Los centros penitenciarios no se contemplan como tales en la Ley de Seguridad Nacional. Y vaya que son estratégicos, decíamos nosotros. Fue él quien, después de varios estudios, nos hizo ver que el penal número 9 de Ciudad Juárez cumplía con los requisitos para la custodia del Chapo. Sobrevolados sus alrededores se advirtió que no había ninguna construcción en dos kilómetros de su radio y muy pocas y verificables las que se encontraban en un radio de cinco.

Además, el tipo de tierra pedregosa de la zona hacía que cualquier intento de excavación o perforación se dificultara y advirtiera de inmediato.

Nos tocó impedir que se fugara de nuevo. Hoy, Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, se encuentra sentenciado y en prisión.

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/CR

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