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Xi Jinping vs Hong Kong

Xi Jinping vs Hong Kong

Columnas miércoles 10 de julio de 2019 - 04:35


Deng Xiaoping, el gran reformador arquitecto de la actual rica y poderosa China, no creía en el culto a la personalidad.

Cierto, mantuvo para su país un Estado rígidamente autoritario, pero desterró de él todos los excesos ideológicos y el demencial culto a la personalidad característicos de la época de Mao.

Las reformas de Deng dispusieron una presidencia de la nación cuyo titular sería electo para un períodode cinco años con la posibilidad de ser relecto solo para un mandato adicional. Por eso los dos sucesores de Deng como gobernantes chinos, Jiang Zemin y HuJintao, solo duraron en el puesto diez años.

Con el arribo de Xi Jinping, en 2012. las cosas empezaron a cambiar. El nuevo mandatario empezó a acumular un enorme poder en sus manos e incluso se empezó a construir una especie de culto a la personalidad.

El Partido Comunista adoptó el “pensamiento de Xi Jinping para la nueva era del socialismo con características chinas” como central en su ideología. Consiste en constituir un ejército “de primer nivel mundial” para 2050, mejorar la protección social, reforzar el Estado de derecho “socialista”, asegurar la “coexistencia armoniosa entre el hombre y la naturaleza”, mantener el modelo “un país, dos sistemas” para Hong Kong y promover la “reunificación nacional” con Taiwán.

Una campaña anticorrupción ha sancionado ya a más 1.3 millones de funcionarios. Es muy popular entre la población, pero también es instrumento para anular a rivales políticos.

Hacia el exterior Xi busca concretar la ambiciosa iniciativa conocida como “Nueva Ruta de la Seda”, la cual involucra a setenta países.

Eso sí, nada de democracia. Xi es intolerante con el pluralismo. La censura en internet y los medios es severa, los sistemas de vigilancia y control social son rígidos y la persecución de minorías étnicas y religiosas, inflexible.

Pero no todo es coser y cantar para Xi. La economía se ralentiza, la deuda pública crece, la “guerra comercial” no ayuda y la iniciativa de nueva ruta de la seda es considerada, por muchos, solo como una “megalómana y onerosa stravaganzza”.

Ante este escenario, Hong Kong amenaza con ser el peor desafío para Xi. Las manifestaciones multitudinarias en Hong Kong, originalmente dirigidas contra un proyecto de ley de extradición de fugitivos a China, se ha convertido en un movimiento masivo a favor de la democracia.

Xi se ha distanciado del problema hasta ahora, pero la escala y persistencia de los disturbios pueden obligarlo a involucrarse. De lo contrario, arriesgaría perder su imagen de “hombre fuerte”.

En este peligroso caso hay una dilema: si la crisis de Hong Kong se profundiza, Xi podría recurrir a la fuerza bruta y provocar una gran condena internacional y el consiguiente perjuicio a la reputación, influencia y economía de China.

•@elosobruno
Especialista en política comparada

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/CR

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