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Ya nadie lee a Sabines

Ya nadie lee a Sabines

Entornos martes 19 de marzo de 2019 - 04:49


DAVID ANUAR

¿ Quién no se ha emocionado al escuchar un verso como “No es que muera de amor, muero de ti”, o qué tal ese otro que dice “Yo no lo sé de cierto, pero supongo / que una mujer y un hombre / algún día se quieren”, o aquel famosísimo “El amor es el silencio más fino, / el más tembloroso, el más insoportable”? ¿Quién no ha experimentado la ceniza dura y amarga de la soledad y el desconsuelo al leer: “Me doy cuenta de que me faltas/ y de que te busco entre las gentes, en el ruido, / pero todo es inútil. / Cuando me quedo solo / me quedo más solo / solo por todas partes y por ti y por mí. / No hago sino esperar. / Esperar todo el día hasta que no llegas”? ¿Quién no se ha conmovido hasta el llanto al haber leído los cantos elegiacos que el poeta dedicó a sus padres, aquellos versos de Algo sobre la muerte del mayor Sabines donde se repite en un círculo sin salida la impotencia y el dolor?

El poeta chiapaneco, quien falleció el 19 de marzo de 1999 en la capital del país, nos legó un repertorio de poemas que se han vuelto patrimonio íntimo, necesario e imprescindible en el corazón de nosotros, sus lectores. Sin embargo, hace apenas unos días un poeta a quien aprecio y admiro, entre veras y burlas me dijo: “ya nadie lee a Sabines, Anuar”. Más tarde, cuando el enojo se me había pasado y le daba vueltas al asunto, en un sano ejercicio de reflexión y cuestionamiento, me pregunté honestamente, ¿de verdad ya nadie lee a Sabines? 

Pienso que hoy en día entre los jóvenes poetas mexicanos no es tan leído como en otros tiempos porque lo han etiquetado de cursi, meloso, patriarcal, heteronormativo, y en algunos casos extremos por tachársele de poeta vendido por sus vínculos con el PRI. No obstante, reducir la obra de Sabines a esos adjetivos la empobrece y, en suma, revela una lectura parcial y descuidada.

Estoy seguro de que a Sabines no le quitaría el sueño perder lectores entre los jóvenes poetas mexicanos; él nunca escribió para agradar a ese mundo literario de intelectuales y sesudos escritores. No es un secreto la postura antiintelectual de Sabines, quien en su biografía cuenta lo siguiente: “llevé una vida un poco marginal porque no me gustaban los intelectuales. Iba a veces a reuniones donde había diez o doce, y eso se volvía un concurso de ingenio, de ver quién sabe más de esto, quién dice la última palabra acerca del último libro. Todo eso me hartaba, o más bien no tengo carácter para esas cosas y poco a poco me fui retirando”.

En cambio, el poeta expresó una y otra vez una clara consciencia de estar escribiendo para comunicar y conectar con su prójimo: “Uno no escribe para las paredes ni frente a un espejo, se escribe siempre para los demás; desde que tomo la pluma y la libreta estoy escribiendo para alguien, estoy diciendo lo que me pasa, que te puede pasar a ti o le puede pasar a él”. Sabines escribió para los peatones, para los estudiantes, para los enamorados, para la gente de a diario, la que se levanta para ir a trabajar a la oficina, a la calle o al campo. En definitiva, Sabines escribió para la persona promedio que sufre y vive y respira y lucha y persiste, como él mismo lo hizo a lo largo de su vida, vendiendo muebles y telas en Chiapas, o alimento para animales en la Ciudad de México en la década de 1960. Pero con todo, la cuestión seguía ahí, girando una y otra vez alrededor de mi cabeza: ¿la gente todavía lee a Sabines?

Ese mismo día, la respuesta llegó a través de un mensaje de mi esposa, en el cual me compartió una fotografía de los libros más prestados en la Biblioteca Vasconcelos, una de las más importantes de la ciudad. Al abrir la imagen, justo al centro, había un apartado de “Poesía mexicana” con tres entradas. La primera correspondía a un libro de Sor Juana y las otras dos, se titulaban “Poemas” y “Recuento de poemas”, nada más y nada menos que de Jaime Sabines. Respiré aliviado: a veinte años de su muerte, Sabines perdura y persiste en el corazón de nosotros, sus lectores.

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IM/CR

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