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Yalitza: racismo a flor de piel
Yalitza: racismo a flor de piel

Columnas lunes 18 de febrero de 2019 - 02:44


“...pero la raza, siempre la raza, es la que produce los genios”. La desaparición de la gran raza.

Madison Grant, eugenesista

El botón de muestra más reciente del racismo de los mexicanos lo dio el actor Sergio Goyri, quien se refirió como “pinche india” a Yalitza Aparicio, pedagoga y educadora oaxaqueña nominada al Oscar como mejor actriz por su actuación en el filme de Alfonso Cuarón, Roma.

En estos días, las expresiones de este tipo hacia los indígenas por parte del actor, otros personajes del espectáculo, como Elsa Burgos y Laura Zapata, además de usuarios de las redes sociales son un síntoma de ese desprecio hacia el otro que es considerado inferior; quien, a su entender, no merece alcanzar logros, ni grandes ni pequeños. La reacción agresiva, violenta, se entiende porque se sienten amenazados por avances de las comunidades que integran aquellos a quienes siempre han considerado, de manera soterrada pero bien arraigada, inferiores. Aquellos para quienes los papeles estelares no han sido escritos, piensan. Y quienes, sugieren, no deben intentar jugar un papel diferente a los secundarios a los que por siglos han sido condenados.

Para los grupos clasistas la estratificación de la sociedad es conveniente. Se sienten cómodos en ella. Siendo claro para ellos que las capas o niveles sociales son los que corresponden a esos que son vistos como seres de segunda.

Lo más grave del asunto es que así se expresan y eso sienten muchas personas en el país; hombres, mujeres, jóvenes, niños, de todas las edades y estratos, por lo cual dichos comportamientos y expresiones lo único que hacen es visibilizar cómo está incubado el huevo de la serpiente del racismo en gran número de habitantes, presto a mostrarse ante cualquier evento que amenace el estatus quo.

A diario millones de personas son ofendidas en su propio país por el hecho de ser indígena, de piel morena, tener el pelo oscuro, ser de estatura baja, en fin, cualquier característica alejada de los pretendidos estándares de belleza occidental.

Según cifras del Inegi, de casi 130 millones de mexicanos 11 millones pertenecen a diferentes grupos étnicos.

Recientemente, en el contexto del pasado proceso electoral y en el arranque del gobierno ha aparecido un sinfín de descalificaciones racistas y clasistas que han tocado desde al actual Presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien no se cansan de llamar “mesías tropical”, como a diputados, senadores y muchos de los propuestos a ocupar cargos en diversos niveles de gobierno.

El presidente, funcionarios, legisladores y militantes del partido Movimiento Regeneración Nacional han sido objeto de calificativos tales como “morenacos”, “prietos” y “morenos”. Y detractores de los programas sociales se refieren a los beneficiarios de éstos como “ignorantes”, “pobres” y “huevones”.

Después de los comicios presidenciales se ha avivado un discurso en el que reinan la descalificación, el desprecio y el odio. Donde el adjetivo es la base de la discusión.

Sin embargo, para algunos especialistas, otra arista del racismo subyace en una de las causas por las que se ha tolerado la violencia atroz contra grupos de compatriotas debido a que para muchos son invisibles, y por ende prescindibles.

P.D. Agradezco a los directivos de ContraRéplica la invitación a colaborar en este espacio.

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/CR

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