Al chilazo
Al chilazo

jueves 10 de Enero de 2019


Hace 30 años exactamente cundió el pánico entre la población porque corrió el rumor de que habría desabasto de gasolina en todo el país en los siguientes días debido a la detención de La Quina. Sí, han pasado tres décadas desde que el Gobierno de la República, encabezado entonces por Carlos Salinas de Gortari ordenó la captura del más poderoso y más corrupto líder sindical del momento —no de la historia, porque líderes sindicales poderosos y corruptos hemos tenido a manos llenas hasta hoy—.

Joaquín Hernández Galicia, La Quina, era el amado líder del sindicato petrolero, el señor del petróleo, el jefe de jefes del oro negro, el mero mero del subsuelo mexicano y cuando repetía la frase de Lázaro Cárdenas “el petróleo es nuestro”, no se equivocaba, era suyo y de sus secuaces, pero nada más. Sirvió con fidelidad al sistema político priista —que todo le permitió— y siempre reconoció la paternidad del viejo lobo Fidel Velázquez como líder indiscutible del movimiento obrero mexicano a través de la CTM.

Pero como todo buen Frankenstein, el monstruo se volvió contra su creador —el PRI—, y cuando fue destapado Salinas de Gortari como candidato a la presidencia, La Quina —que se sentía omnipotente, y casi lo era— se dice que coqueteó con el Frente Democrático Nacional, que repudió el neoliberalismo, que abrazó la bandera de tata Cárdenas, defendió el nacionalismo revolucionario, la expropiación y toda esa retórica priista que explotaron durante tantos años y que su voto corporativo sumó a favor de Cuauhtémoc en 1988; según las teorías de la conspiración por todo eso sobrevino el desquite fulminante de Salinas, a tan solo un mes y diez días de haber protestado como presidente de la República.

Pero lo cierto es que La Quina no era ningún adalid de la oposición al terrible neoliberalismo que extendía sus garras sobre los pobrecitos mexicanos y amenazaba con privatizar la industria petrolera. La Quina era un cacique, un truhán, actuaba con la impunidad característica del priismo, era corrupto, tenía a su servicio no solo al sindicato petrolero, sino a diputados, a senadores, a autoridades municipales, a militares, a policías, a ministerios públicos, a jueces, había corrompido a medio mundo y se había hecho de una fortuna como sólo los líderes sindicales mexicanos saben hacerlo.

En ningún escenario Salinas iba a permitir que le disputaran un gramo de poder; si quería gobernar a sus anchas no necesitaba enemigos en casa, así que fue necesario detener al monstruo que se había saltado las trancas y a grandes males, grandes remedios. El golpe fue certero y mediático, la noticia de la aprehensión de La Quina llegó hasta el último rincón del país y pa’ luego es tarde comenzaron los rumores de que la gente leal asu amado líder en el sindicato petrolero provocaría un desabasto de gasolina en todo el país y paralizarían a la nación para poner contra las cuerdas al nuevo gobierno.

▶ Pero el nuevo gobierno no dejó cabos sueltos; tenía todo planeado, de la A la Z, y más temprano que tarde descabezó a todo el sindicato, el ejército ocupó las instalaciones estratégicas de Petróleos Mexicanos, impidió el desabasto e informó a la población con oportunidad.

Moraleja. 1) El sexenio de Salinas pasó a la historia por su autoritarismo, su impunidad y su corrupción. 2) Salinas quitó a La Quina, pero en 1996 el PRI le entregó el sindicato petrolero a otro impresentable, Romero Deschamps que sigue tan campante. 3) Si un gobierno actúa con una estrategia bien planeada, bien diseñada y bien ejecutada no debe haber repercusiones para la sociedad o son mínimas. Pero hoy seguimos viendo que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno y que el Gobierno sigue haciendo las cosas al chilazo.

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