Defensa del servicio público
Defensa del servicio público

Columnas miércoles 02 de enero de 2019 - 01:12


En los últimos meses, desde la llamada transición y posteriormente durante la toma de posesión y los días que lleva establecido el nuevo gobierno, se produjo una violenta andanada contra los servidores públicos mexicanos. Se les considera parte de una supuesta mafia de privilegiados a la cual es preciso descabezar, debilitar e incluso destruir. Se les tacha de corruptos, ineficientes y hasta enemigos del pueblo bueno al cual Morena afirma representar.

Las noticias de despidos masivos e injustificados se han vuelto parte del paisaje político cotidiano. Un día sí y otro también nos enteramos que en tales y cuales dependencias se exigió la renuncia (a fin de no dar indemnización, como ocurre cuando se despide oficialmente a alguien) de docenas y hasta centenas de burócratas. Se les acusa de haber colaborado con los gobiernos “neoliberales” y no estar dispuestos a recibir un menor salario por una mayor carga de trabajo. Esa mayor carga de trabajo no obedece al incremento de servicios públicos, sino que es consecuencia de la desaparición indiscriminada de áreas enteras del servicio público. Áreas que habrán de necesitarse nuevamente, pues no se hizo un estudio de su importancia y contribuciones antes de extinguirlas.

El Estado mexicano pierde y mucho con estos despidos encubiertos. Primero, pierde contribuyentes fiscales cautivos, a quienes les descontaba impuestos directamente vía nómina. Segundo, pierde al generar un problema de desempleo que nadie ha estudiado si podrá cubrir en su totalidad la iniciativa privada. Tercero, pierde experiencia y calidad administrativa de trabajadores con una formación y una trayectoria que le costó al aparato estatal mexicano. No solamente el tiempo de su curva de aprendizaje, sino los recursos económicos, logísticos y tecnológicos empleados en capacitar a varios individuos en el cumplimiento de tareas especializadas. Se acepte o no en público, los servidores públicos son mano de obra calificada y muchas veces, altamente calificada, sobre todo en el mercado laboral mexicano donde no abundan los trabajadores con posgrado en el extranjero, cosa bastante frecuente en las oficinas del gobierno federal.

México lleva décadas invirtiendo y construyendo un servicio profesional de carrera en distintas áreas de la administración pública. Un grupo de servidores públicos técnicamente competentes para servir a cualquier gobierno con independencia de sus fines ideológicos. Así ocurre en las áreas hacendarias, la banca central y el servicio exterior, pero no solamente ahí. Existen muchas dependencias con personal altamente capacitado para tareas estrictamente técnicas y quienes hemos tenido el privilegio de colaborar en el servicio público, los hemos conocido. Se está cometiendo un error, pues no nada más se expulsa y se jubila obligatoriamente a quienes saben cómo funciona la administración pública, sino que no hay, fuera de ella, suficientes cuadros calificados para suplirlos. Se cometerán equivocaciones costosas para el país. Al tiempo.

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/CR

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