Del trato debido a la prensa fifí

Del trato debido a la prensa fifí

El régimen de gobierno populista segrega usos, costumbres, reflejos y truquitos que en mi lenguaje privado he bautizado “protocolo malandro”, algo que concibo como el manual de urbanidad del buen líder antisistema.

Si nadie ha puesto por escrito las ideas que darían forma a un tal manual es porque populista que se respete no escribe, sino que habla de un modo que en Venezuela llamamos “preguntao”.

Para el populismo, ciertamente, el ademán lo es todo, pero la expresión mejora si se habla preguntao. Una instancia en la que este axioma resplandece es la rueda de prensa aerotransportada del tipo favorecido por AMLO, o la entrevista impromptu concedida al paso mientras se recorre de prisa los pasillos de palacio, como le gustaba —aunque no mucho, la verdad— a Hugo Chávez. A decir verdad, por mucho que el caudillo populista profese gustarle la espontaneidad, el mejor encuentro con la prensa es la experiencia controlada por la oficina de comunicaciones gubernamentales que no deje nada al maligno albedrío del preguntón. Este tipo de rueda suele proceder según una especie de carnet de baile dictado por un enigmático orden de precedencia que anuncia al periodista y el medio que representa.

Idealmente, al momento de acreditar al periodista se le hace sentir con una sonrisa que le están otorgando un raro privilegio. La acreditación entraña cierta reciprocidad, el compromiso de no hacerse la Oriana Fallaci tratando de poner en aprietos al jefe. Un maestresala de Chávez solía atemperar al periodista musitándole al oído una frase beisbolera: “ya sabes, pana: pitcha bajito que hay ropa tendida”.

Con todo, nunca falta quien se ponga a lanzarle rectas de humo y curvas basureras al jefe de Estado y es entonces cuando el hablar preguntao brinda sus ventajas. El hablar preguntao es ciencia infusa y hasta ahora sólo se han podido registrar sus locuciones más frecuentes. Tratemos de abstraer de ellas alguna regla del pulgar. Sigue un ejemplo inspirado en el aquetípico Hugo Chávez. El Hombre Imprescindible ha terminado de hacer sus exposición inicial y a ti te toca en suerte abrir la ronda de preguntas. Inquieres por la suerte del diputado opositor arrojado desde una ventana del décimo piso por los cuerpos de seguridad del Estado.

—¿Para qué medio dijiste que trabajas?

—Para el Washington Post, Majestad.

—El Washington Post, ¿eh? Conque el Washington Post. Uhm…¿Sabes quiénes son los dueños del Washington Post?

—No, su Señoría. Pero quisiera su comentario sobre la muerte del diputado detenido.

-¡Ah!, ¡no sabes quiénes son tus amos! Recuerdo que Hugo Chávez “deflectó” una pregunta difícil preguntándole al reportero si había visto alguna vez El Ciudadano Kane. Otra vez le espetó —preguntao— a una reportera si era apocalíptica o integrada.

¿Me hago entender?



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