El derecho humano a matar

El derecho humano a matar

Quienes somos creyentes y nuestra fe se asienta en la tradición judeo-cristiana, tenemos bien claro el quinto mandamiento: “No matarás”, pero no solo los creyentes tenemos este mandato moral, también es un principio ético universal plasmado en todas las leyes, con excepciones legítimas como pueden ser la autodefensa o la protección de la sociedad.

El pasado 22 de octubre, Morena, el partido del Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, propuso un proyecto de ley para legalizar el aborto en todo el país, argumentando falacias como el que la mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo.

Cierto que la mujer puede decidir sobre su propio cuerpo, pero resulta que la persona que lleva en su seno está en su cuerpo, pero es una persona distinta a su cuerpo; aunque esté dentro de ella y para subsistir dependa de ella.

Eliminar a un niño en el seno de su madre es un crimen atroz; nadie puede privarlo del derecho a la vida, ni reducirlo a un objeto desechable, pues la vida humana es sagrada y debe ser tutelada por el Estado desde su concepción hasta su fin natural.

Es cierto que no todos los crímenes pueden penarse del mismo modo.

Generalmente la mujer que toma la opción de abortar vive una tragedia personal y un verdadero dilema ético emanado de su propia conciencia que, aunque sea de un modo vago o confuso le dice que lo que va a hacer es un mal objetivo, agravado porque se comete contra un ser inocente e indefenso y terrible porque se trata de su propio hijo.

Sabe bien que el matar a su propio hijo no es ni un derecho, ni mucho menos humano, es un acto brutalmente alevoso e inmoral; por desgracia, la claridad sobre este acto se tiene una vez que se ha realizado, dejando terribles secuelas de culpabilidad, depresión e intranquilidad, realidad trágica que sus promotores ocultan, como ocultan los inmensos intereses económicos de la ONU y de empresas que promueven estas políticas y que se ven beneficiadas con este abominable mercado.

El papa Francisco hizo una de las declaraciones más duras que un pontífice haya hecho el pasado 10 de octubre, cuando dijo en su audiencia pública de los miércoles, refiriéndose al crimen del aborto, “…Es como contratar a un sicario para resolver un problema…” y más adelante abundó: “¿..Cómo puede ser terapéutico, civil o simplemente humano un acto que suprime la vida inocente e indefensa en su florecimiento…?”

A diferencia de la denuncia valiente del santo padre, sorprende el silencio de los obispos mexicanos y anima el ejemplo de los fieles laicos que se han puesto en pie de guerra contra una iniciativa perversa, que pretende hacer del asesinato un derecho humano fundamental. Pero no existe el derecho humano a matar, eso es una falacia y una perversidad.

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