El periodismo que necesitamos

El periodismo que necesitamos

Hace unos días, lectoras, lectores, la revista Proceso, que con tanta firmeza, tanta constancia se enfrentó al PRIAN durante su larga hegemonía, nos sorprendió a todos con una portada que violenta todo el espíritu de la Cuarta Transformación. “AMLO se aísla. El fantasma del fracaso”, cabecea la revista en portada, sobre la imagen aparentemente adusta, preocupada, de nuestro Presidente electo, que como sabemos es un hombre habitualmente risueño y conciliador.

¿De veras entiende así el periodismo, hoy, un semanario que luchó siempre por la reivindicación del pueblo bueno? El periodismo, en tiempos de la Cuarta, tiene que sacrificar el caprichito individualista, fifí, del pensamiento crítico. La Cuarta va terminar con la pobreza, luego de terminar con la corrupción; nos va a consultar hasta para la marca de curitas que se van a usar en las clínicas populares; nos va a hacer educadísimos e incluso cultísimos, gracias a la Sección 22, la abrogación de la Reforma Educativa fifí y la más que probable difusión masiva de libros no fifí en el Fondo de Cultura, que por fin va a poder prescindir de aburguesamientos como las obras de Octavio Paz y Alfonso Reyes; va a lograr que corran torrentes de petróleo refinado y de kilovatios baratísimos. Carajo, vamos a ser felices, iguales, prósperos y buenos. ¿De veras no podemos estacionar un rato nuestras pulsiones críticas? ¿No podemos caminar juntos en la misma dirección, homogeneizarnos tantito?

Porque hay muchos compañeros que ya lo han hecho, en diversos medios. Es conmovedor, por ejemplo, ver el trabajo cotidiano de varios de los moneros de La Jornada, que no sólo han abjurado del pensamiento crítico sino incluso —en lo que me parece un caso único en la historia, pero corríjanme si me equivoco— del humor. O vean a los alegres muchachos de la nueva comentocracia, el progresismo Ivy League de Democracia Deliberada, que sin ningún pudor te explican que el aeropuerto de Santa Lucía es mejor porque la señora que trabaja en tu casa padece el transporte público o que cualquier crítica, la que sea, contra el líder o sus seguidores es producto del racismo y nada más. Porque la Cuarta, esa instauración definitiva de la utopía, exige sacrificios enormes, y hacer el ridículo en redes sociales, o sea liberarte del ego, con su carga individualista, para nadar en la corriente de la colectividad, parece un precio mínimo a pagar.

Una iniciativa conmovedora de nuestro líder es dar reconocimientos a aquellas empresas que, tras una inspección aleatoria, hayan demostrado cumplir con sus responsabilidades fiscales. ¿Por qué no extender esa sana práctica, esa especie de estrellita en la frente tan propia de la educación setentera, al ámbito mediático? Una medalla, por ejemplo. Podría llamarse “Medalla El Chamuco”, en tributo a los moneros. Propongo para la primera entrega a Federico Arreola, que con una firmeza admirable ya respondió a Proceso que “Esa es una chingadera, una inmoralidad: (…) lastima a un político honesto y eficaz como ningún otro”. Bravo. Es imposible ejemplificar mejor, en dos líneas, el tipo de periodismo que se espera de todos en el cambio de régimen que, no nos engañemos, ya empezó.



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