…¿En serio, ya pasó la tormenta?

…¿En serio, ya pasó la tormenta?

Urge que el Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, nombre un vocero único para que explique, pero con sentido y certeza, lo que sigue ahora en el caso del aeropuerto en Santa Lucía, pues su gabinete es todo un mar de contradicciones: unos dicen una cosa, otros otra y la tormenta no aminora aunque quieran convertir la cancelación de Texcoco en una ligera lluvia.

De entrada, otra vez Javier Jiménez Espriú la volvió a regar al señalar que José María Rioboó nada tendría que ver con el proyecto en Santa Lucía, aunque sí un ingeniero agrónomo, Sergio Samaniego, mismo que ayudó al contratista consentido de Morena a realizar estudios del controvertido plan aeroportuario cercano a Teotihuacán.

Por fin: ¿sí o no está implicado Rioboó en este millonario asunto?, porque las sospechas del pueblo (el que manda ¿o no?) son de que sí.

Desde otro escenario, el jurídico, quien ha sido “destapado” como el consejero de la presidencia lopezobradorista, Julio Scherer, anuncia que los empresarios inversores de mucho dinero en la cuatrapeada obra enclavada en Texcoco, vía contratos con el Gobierno de Enrique Peña Nieto, ni se preocupen, se pasará su lana (así de fácil) al de Santa Lucía y ¡todos felices!

Luego entra al quite Jesús Seade, el interlocutor del Presidente electo en las negociaciones del ahora llamado T-MEC (siglas en “honor” a Marcelo Ebrard Casaubón) para pedir al empresariado molesto por la cancelación de la obra texcocana que se sientan contentos porque el aeropuerto de Santa Lucía sólo será temporal, nada más mientras la administración federal encabezada por el tabasqueño encuentra un terrenito donde sí quedará el verdadero aeropuerto que será emblema de transformación y modernidad de su jefe López Obrador.

¿A cuál de todos hacerle caso?

De los tres brillantes funcionarios que ya se vieron coadyuvando en la concreción de la llamada Cuarta Transformación no se hace uno. Los alegres compadres hablan y hablan sin lógica ni sentido, al contrario, generan más incertidumbre y temor.

El asunto es que Andrés Manuel López Obrador ya puso una fecha para que las pistas en Santa Lucía se le entreguen al pueblo (menos del uno por ciento de la lista nominal que votó en su consulta) en tres años. Vaya labor que tienen, sobre todo Jiménez Espriú como secretario de Comunicaciones y Transportes, de tener vía fast track el proyecto y el permiso de los pobladores cercanos a Santa Lucía que ya pusieron la misma cara que los de Atenco; el presupuesto para la construcción y la confianza de empresarios nacionales e internacionales que, al menos en este momento, desconfían de todo y de todos.

No estaría mal que el Presidente electo se autonombrara vocero único porque… ¡La tormenta aún no pasa y los nubarrones cada vez se ven más cargados!



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