Hablemos mejor del clima

Hablemos mejor del clima

Si llegáramos a un punto en el que no se pudiera opinar de política o de la actuación del gobierno, nos veríamos obligados a escribir sobre todo y sobre nada. Desde luego no sería la única sociedad con esas limitaciones; y muy seguramente forzaríamos a la imaginación para que por algún lugar salieran volando las inquietudes críticas o propositivas.

En mi caso particular, podría bien hablar del amor; y de esas muchas compañeras que en el camino me han dado tantas alegrías y momentos inolvidables. ¡Uf…! me daría para una novela de varios tomos, llenos de pasiones, risas y algunos llantos. Aunque muchos pasajes estarían salpicados de aventuras en lo político: en campañas, oficinas de gobierno, mítines y encuentros extraños. Sin embargo, al ser novela, se podría alegar que lo biográfico es mera ficción.

Otro tema sería mi afición deportiva: el nado en aguas abiertas. En esos textos podría hablar de la soledad, la inmensa soledad que le rodea al nadador en esos cruces largos, en donde no se ve tierra firme por ningún lado. Sobre la desesperación de haber perdido el rumbo sin una lancha guía a la vista. En este caso, la analogía de encontrarse en un país que se encuentra a la deriva pudiera ser más que obvia, pero quizás los gobernantes no se sentirían tan aludidos.

Otra es también rememorar la experiencia de estar nadado a kilómetros de la costa, completamente solo, y en una brazada divisar la silueta de una animal enorme y brillante; con el consecuente terror de poder ser devorado. Algo así como llevar una lucha política en solitario, con un tiburón dando vueltas alrededor. Y una más, nadando en un mar embravecido, con olas de más de un metro y ver a grupos de tritones vomitando y en pánico por no poder avanzar; mientras uno con más experiencia sigue dando brazadas porque la alternativa es morir ahogado.

En fin, que hay muchos temas de los que se puede escribir bajo una régimen autoritario. Otra veta de inspiración sería la crítica cinematográfica: como a la Ley de Herodes, con ese personaje que cambia la Constitución a capricho para que le acomode a lo que le viene en gana. Pero luego Taibo se me echaría encima para hacerme un doblez tipo las películas de El Santo.

Rojo Amanecer sería otra obra que pudiera ser objeto de un ensayo; pero no faltaría alguien que se sintiera aludido. Seguro brincaría el típico fifí de derecha que diga que la izquierda fue responsable de la masacre de Iguala (y no el ejército o Peña Nieto). Ante esto, lo recomendable es mejor quedarse con la “verdad histórica” (segunda parte), que próximamente saldrá en pantalla. Siempre se puede hablar del clima, de si se prevén lluvias, tormentas o huracanes.



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