Inclusión financiera

Inclusión financiera

El Banco Mundial define inclusión financiera cuando individuos y negocios tienen acceso de manera responsable y sustentable a productos que son útiles y accesibles para hacer transacciones, realizar pagos y cubrir necesidades de ahorro, crédito y seguros. En México se matiza la definición solicitando al producto o servicio adquirido vivir en una regulación que garantice esquemas de protección al consumidor y promuevan la educación financiera.

México ha tenido avances importantes en legislación para acelerar y mejorar la calidad de la inclusión financiera. En 2014, el gobierno aprobó una reforma para incrementar la contribución del sector en el crecimiento económico; dicha reforma se enfocó en cuatro áreas: promover la competencia dentro del sector, fortalecer el marco legal, mandato a los bancos de incrementar la capacidad operativa para expandir el acceso al crédito, así como dotar a las autoridades financieras de formas más eficientes para evaluar las solicitudes de créditos de los bancos comerciales.

También, en junio de 2016, México lanzó la estrategia nacional de inclusión financiera como medida para acelerar el acceso a servicios financieros a la población que se encuentra fuera del sistema formal y regulado, y en septiembre pasado fue aprobada la Ley Fintech para regular a las Instituciones de Tecnología Financiera, sector clave para expandir la inclusión financiera.

Sabiendo que una reforma por si sola no es suficiente para hacer transformaciones profundas sino también la ejecución apropiada de la misma, la pregunta obligada es si todo lo anterior ha tenido efectos que indiquen que vamos por buen camino. El pasado 23 de noviembre fue publicada por el INEGI y la CNBV la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2018, la segunda edición. Analicemos los resultados.

El porcentaje de la población adulta entre 18 y 70 años con al menos un producto financiero se mantuvo sin cambios entre 2015 y 2018 con 68 por ciento. Al analizarlo por producto, sí se observa un incremento en la tenencia de cuentas de ahorro de 44 a 47 por ciento y en productos de crédito de 29 a 31 por ciento. La disminución la tuvieron los productos de cuentas de ahorro para el retiro.

En cuanto al uso de infraestructura, se observa un incremento tanto en el uso de cajeros de como de sucursales, en línea con el incremento en penetración de cuentas de ahorro. El uso de banca por celular se sitúa sólo en 22 por ciento El uso de efectivo es todavía un medio preponderante de transaccionalidad, ya que 87 por ciento lo usa para hacer compras mayores a 500 pesos.

Es evidente que hay mucho camino por recorrer. Considero que el nuevo gobierno tiene que enfocarse en crear y expandir la infraestructura actual con mecanismos para fomentar y formalizar la actividad económica, ¿qué beneficios se le ofrecerá al informal para que le sea atractivo el ser formal? Promover la competencia en el sector es clave para responder la pregunta.




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