La doctrina de la verguenza
La doctrina de la verguenza

lunes 07 de Enero de 2019


La verdad de las cosas es que no debería haber ni sorpresas ni sorprendidos. Todo, absolutamente todo, lo que habíamos venido advirtiendo incluso antes de que iniciaría formalmente la campaña por la presidencia, ha ocurrido. Tanto el Presidente como el grupo que le rodea ha sido consistente con su ideología y con todo lo que se ha propuesto hacer (acciones que no necesariamente tienen que ver con promesas de campaña, ni con beneficios para la nación).

Y a propósito de su política exterior, no está de más subrayar que la afinidad de López Obrador con las dictaduras de Cuba y Venezuela data de mucho tiempo atrás; mucho antes de esos discursos llenos de alabanzas a Castro que circularon profusamente durante la contienda electoral. De hecho, el tabasqueño no solamente da muestras de añorar vivir en los tiempos en los que México era guiado bajo los designios de un solo hombre y de un partido casi único (y ya casi lo logra); sino que también parece nostálgico por ese mundo bipolar y rodeado de fronteras impenetrables (aquí sí que se le va a complicar un poco).

Él ha instruido a su canciller a revivir la infame Doctrina Estrada (establecida en 1930); esa que durante décadas le fue tan conveniente al viejo priismo para que no le pusieran la etiqueta antidemocrática. La máxima es “tú no metes la nariz en mi país, yo me hago tonto con lo que hagas en el tuyo”. Con ese pomposo mote se definieron los principios de nuestra política exterior; y fue así que apelando a esa, Gustavo Díaz Ordaz pudo llevar a cabo los juegos olímpicos del 68 sin sobresalto alguno (apenas unas semanas después de la masacre en Tlatelolco).

Ante esto, no deja de inquietar la visión de nuestro primer mandatario cuando dice, con toda firmeza, que “la mejor política exterior es la interior”. Pero su puesta en marcha es aún peor, al verle llamar canallas, fascistas, mentiros y demás adjetivos de su amplio repertorio a los medios de comunicación y a sus adversarios. Pero eso sí, prefiere seguir tomándose fotos con sus fans, que responder a un cuestionamiento directo sobre su postura hacia Venezuela.

A estas alturas, el famoso “comes y te vas” es mil veces preferible a invitar a un carnicero como Maduro a la toma de posesión. Es más, ya ni Luis Videgaray, con su absurda y humillante idea de traer a Trump a México, supera lo que hemos vivido en los últimos días. De hecho, ya la organización Human Rights Watch dijo contundentemente: “Hemos perdido a México”… en la lucha por los derechos humanos.

Al decidir el Presidente López Obrador que México no firmara la declaración del Grupo de Lima contra la dictadura de Venezuela, lo que hizo en realidad fue enviar un mensaje no de independencia, no de avanzada, sino de plena coincidencia, alianza y amistad con quienes tiene sometidos, vulgar y sanguinariamente, a sus pueblos.

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