La doctrina Reyes Zúñiga
La doctrina Reyes Zúñiga

martes 08 de Enero de 2019


Así la bautizó con sorna un diplomático venezolano, conocedor de México, perseguido por Maduro y exilado hoy en Bogotá. He aquí lo que argumenta: “Si cambiase la doctrina —porque todo es posible, abunda el exdiplomático—, les vendrá mejor decir que fue cosa del subsecretario y no del canciller”.

Hasta ahora, sin embargo, ha sido inconmovible la negativa de AMLO a pronunciarse en repudio a la dictadura venezolana, al contrario de lo que han expresado desde hace más de un año, con palabras y sanciones, la OEA, la Unión Europea, los gobiernos de Estado Unidos y Canadá y unos cuantos en la periferia que, sumados, pasan ya de cincuenta.

Empero, y como hasta el más terco puede ceder ante la mayoría, no descartemos que AMLO cambie de parecer antes del jueves que viene, a pesar de la vehemencia con que voceros de su coalición exaltan el espíritu democrático, propiciador de la proverbial “batalla de las ideas”, que durante 60 años ha mostrado la revolución cubana.

Dicho lo cual, atiendo a lo que me nace expresar a los lectores de Contra Réplica respecto a la posición de México ante la flagrante usurpación de una presidencia para la que Nicolás Maduro se hizo elegir fraudulentamente en mayo de 2017.

Pido excusas de antemano porque lo que tengo que decir es más bien sentimentalón y ya es sabido que vivimos tiempos de pragmático cinismo.

Aquí va: cuando supe que México declinó acompañar al Grupo de Lima en su repudio a lo que Maduro pretende consumar el jueves que viene, pensé en don Rómulo Gallegos, el primer presidente civil venezolano del siglo XX, elegido en comicio universal, y derrocado por una camarilla militar en 1948.

Gallegos fue intimado a designar un gabinete íntegramente militar y a convertirse en mera figura decorativa. El viejo y digno maestro de secundaria se negó en redondo. “Soy el presidente —les dijo—. Fui elegido y estoy obligado a ejercer. Por eso me parece, señores, que para gobernar a sus anchas tendrán que derrocarme”.

Cuando estuvo claro el designio militar de derrocarlo y desterrarlo, alguien del entorno de Gallegos preguntó, angustiado: “¿adónde iremos?”. Casi toda nuestra América estaba entonces sojuzgada por dictaduras militares. Se hablaba de la “internacional de las espadas”, crudelísimas tiranías prohijadas por Washington en plena Guerra Fría. Gallegos, emblema de democracia, civilismo y pluralidad, no tenía, al parecer, donde ir.

Y aunque corrían tiempos del PRI de uña en el rabo, los años de Miguel Alemán y Ruíz Cortines —o quizá por eso mismo—, el Viejo tranquilizó a los suyos diciendo: “México es otra vaina, señores: para nosotros siempre estará México”. Nueve años vivió el maestro Gallegos entre CDMX y Morelia, antes de volver a ver su patria liberada.

De Ruíz Cortines a López Obrador. ¡Lo que va de ayer a hoy!

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