La vuelta al principio de Serrat
La vuelta al principio de Serrat

lunes 31 de Diciembre de 2018


GREGORY ESCOBAR

Es casi víspera de Navidad en medio de la gira Mediterraneo Da Capo, y el décimo tema del repertorio,'Vencidos', acaba de caer. Quizás motivado por la impotencia de escuchar en castellano la triste historia del Quijote, un miembro del público no puede dejar de expresar su descontento.

“¡Canta en catalán, qué estamos en Barcelona!”

El grito en catalán del enardecido espectador provoca algunas pequeñas risas cómplices, y hasta un puñado de aplausos.

Pero Joan Manuel Serrat no está para fingir demencia e ignorar ese tipo de interpelaciones a estas alturas de su carrera. Mientras le hace señas a sus músicos para que no empiecen a tocar el siguiente tema, Serrat se acerca tranquilamente al micrófono. Y en catalán, empieza su respuesta.

“Mire, siempre hay alguien que viene despistado a un espectáculo”

La ovación del público es inmediata.

“Perdonen, perdonen. El despiste es general, así que no aplaudan. Esto es un espectáculo que se llama Mediterraneo Da Capo, en el cual estoy repasando las canciones de un disco escrito en el año 1971 y que integra 10 canciones todas en castellano”

El público no se resiste y empieza nuevamente a vitorearlo. Serrat, visiblemente molesto, exige que lo dejen de terminar de hablar. Sabe que la adoración es un arma de doble filo en momentos delicados. Y el barcelonés y barceloní quiere dejar bien claro su punto.

“Yo sé que estoy en Barcelona, seguramente lo sé desde antes que usted. Y desde mucho antes que usted estoy trabajando por esta ciudad y por hacer cosas por ella”

Serrat termina su respuesta de manera educada, condescendiente y contundente, apelando al ego del saboteador. Tras dejarse aplaudir (ahora sí), muy adecuadamente continúa su repertorio con su hermosa y breve 'Aquellas pequeñas cosas', que se siente además como el epílogo perfecto al incidente: Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia / Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta / Son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas.

El pequeño incidente es una muestra perfecta del legado y percepción actual de Joan Manuel Serrat. Estamos hablando de un hombre con una carrera musical de más de 50 años, que ha llevado ambas lenguas por todo el mundo y divulgado sus poetas, quizá más que ningún otro artista en décadas. Temprano en su carrera, abandonó el Festival de Eurovision cuando le pusieron obstáculos para cantar en catalán. Sus canciones han inspirado a miles a seguir luchando por lo que consideran justo. Ha sido, además, una carrera con la humildad suficiente para retroalimentarse de otras culturas.

Y aún así, sus lealtades no dejan de ser cuestionadas.

Serrat no suele huirle al debate político, pero rechaza el nivel de impacto que su figura puede tener en el imaginario. Recientemente expresó: “mas que mensajes, doy compañía. Hago canciones para hacer compañía, y no subo al escenario a dar lecciones”.

Cumple 75 años, y el viejo poeta sabe que trazar líneas claras y forjar alianzas políticas muchas veces resulta en dolores de cabeza y decepciones. Por eso es que afirma que: "el despiste es general"

El ímpetu de la revolución debe venir acompañada de planificación y experiencia. Entre otras cosas, eso es lo que lo ha hecho tener una postura contra la independencia catalana. Y aún cuando sus seguidores mas radicales se puedan sentir traicionados por su postura ante la crisis, Serrat espera que su carrera hable por sí sola.

Es por eso que Serrat está revisitando su disco más exitoso. El término musical italiano “Da Capo”, significa volver al principio y esa es precisamente la intención de esta gira. La movida no luce como un mero viaje de nostalgia para llenar recintos, sino como una necesidad genuina de conectar con el joven Serrat y extrapolarlo con su larga experiencia.

Serrat volverá a Mexico en febrero de 2019, con abundantes fechas en Ciudad de México, Puebla, Guadalajara y Monterrey. La mayoría de esas fechas se realizarán en su adorado Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. A principio de año, dejó muy en claro su firme intención de cantar en ese recinto a como diese lugar. Sus deseos se cumplieron.

En su ligera y sana obsesión con el recinto (que incluye la edición del disco en directo Serrat en Bellas Artes) es imposible no ver el reflejo del otro palacio de Bellas Artes, el de Barcelona, aquel que fue demolido en 1942 tras ser prácticamente destruido en la Guerra Civil. Aquel donde se fundó la CNT de su padre, el anarquista, de quién sin duda heredó parte de su fuero revolucionario y transgresor.

Y es que Serrat siempre alternará sus idiomas cuando la circunstancia lo amerite. Cantó en catalán en los tiempos de Franco y ahora canta en castellano en los tiempos de Puigdemont. Sí, son contextos con poderes, alcances y concepciones de los derechos humanos muy distintas, pero que comparten a ratos la misma mirada radical basada en el amor a un trozo geográfico.

Pero Serrat no cae en fundamentalismos. Él prefiere acompañar con canciones.

Mediterráneo es una carta de amor al sentido de pertenencia, que no intenta imponer agendas. Y vale la pena regresar a eso. En eso, no hay despiste alguno.

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