Los medios: las preguntas pendientes

Los medios: las preguntas pendientes

Al hacer estas comparaciones, uno siempre debe hacer una aclaración fundamental. No comparo en términos políticos o ideológicos a Andrés Manuel López Obrador con Donald Trump. Pero son evidentes las similitudes que existen en el manejo de la agenda pública y en el control de los medios de comunicación.

Una de las discusiones que me ha parecido más interesante en los meses que han seguido a la elección de Donald Trump como presidente es la que se ha dado sobre la función de los medios en la cobertura del entonces candidato y ahora mandatario. ¿Cómo cubrirlo cuando todo lo que dice es noticioso? ¿A qué concederle importancia y a qué no? ¿Cómo deben comportarse los reporteros cuando miente abiertamente sobre un dato, hecho o acontecimiento?

El debate no es menor. En la era de la posverdad la función de los medios de comunicación resulta cada día más importante. Sin medios serios y profesionales, ¿cómo distinguir una noticia falsa de una verdadera? ¿Cómo saber si ocurrió el hecho del que hablan las redes sociales?

La democracia y, más puntualmente, la democracia liberal, parte de una premisa: que los ciudadanos saben lo que sus gobernantes hacen. Y si no se sabe, ahí están los medios para averiguarlo, documentarlo y procesarlo. El problema es cuando no podemos saberlo. Cuando las noticias y las verdades se construyen desde un poder oculto. Cuando nos enteramos mediante plataformas falsas. Cuando nuestra percepción de la realidad es falsa. Entonces, ¿qué sucede cuando no sabemos si lo que dicen y hacen nuestros gobernantes es verdadero o falso? Hay, por supuesto, un enorme problema con el sistema político si una de sus premisas fundantes es incorrecta.

Creo que los medios de comunicación en México han postergado el debate. Pero tendrán que tenerlo pronto. El Presidente López Obrador estará en todos los noticieros y dará el contenido de más de la mitad de éstos. Basta revisar las noticias de su segundo día en la oficina presidencial para saberlo: Comisión de Verdad de Ayotzinapa, la crítica al PAN, su permanencia en la sala de espera del aeropuerto, la compra de los bonos del NAIM por parte del Gobierno, la felicitación de Trump, la venta del avión presidencial… López Obrador tiene claro que las batallas mediáticas se ganan controlando el campo desde temprano y hasta el último noticiero.

No me cabe duda: el Presidente marcará el ritmo de la conversación. Frente a una presidencia de ese estilo y con ese ímpetu, ¿cómo deben actuar los medios? ¿Deben cubrir todas las noticias? ¿Cómo deben cubrir a la oposición y críticos del Gobierno? ¿A qué nota le dan prioridad sobre otra? No son preguntas sencillas.

El debate largamente evitado no puede seguir en ese estado. Es ya impostergable.



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