Los ríos profundos del populismo colombiano

Los ríos profundos del populismo colombiano

Un tópico académico singularizó siempre a Colombia como la excepción latinoamericana, el país invulnerable a los populismos. Es difícil persuadirse de ello si el asesinato de un arquetípico populista latinoamericano desata una guerra de 70 años. Ahora miren a estos tres niños que vienen al mundo en Bogotá, en un mismo día, el 8 de noviembre de 1963.

Uno es muy rico, otro de muy mediana clase media y el tercero un marginado rematadamente “estrato cero”, como dicen aquí. Los tres son llamados Victorino por sus padres. Un adivino misterioso, un metalista, vaticina a la madre del niño rico que “cuando Victorino se encuentre con Victorino y el otro Victorino, Victorino morirá”.

Los Victorinos (1991), es la inolvidable teleserie concebida por Carlos Duplat, brillante dramaturgo y cineasta colombiano, a partir de la novela Cuando quiero llorar no lloro (1970), del venezolano Miguel Otero Silva.

El Victorino que hoy examino es el clasemediero, el hijo del barbero del barrio Quiroga: Victorino Perdomo, estricto contemporáneo del excandidato a la presidencia de Colombia, senador Gustavo Petro. De no haber muerto durante un asalto a un banco en 1970, en el último episodio de la serie, este Victorino pudo haber sido activista de “Colombia Humana”, la organización de Petro.

Su padre, el barbero de Quiroga, sí lo fue de “Anapo”, la formación que impulsó hace casi 50 años la candidatura del exdicator Gustavo Rojas Pinilla.

Siendo la Anapo una mezcolanza populista con exclusivos fines electorales, tuvo su izquierda, su derecha, sus grupos evangélicos, sus financistas, sus militares retirados y también sus intelectuales, como el interesantísimo pensador Antonio García Nossa, quien fue consejero de Jorge Eliécer Gaitán.

García Nossa, fue, por cuenta de la FAO , asesor de la Procuraduría Agraria mexicana en 1960 y quedó desde entonces prendido de este país al que volvería muchas veces como profesor invitado de la UNAM.

“Si quiere encontrarse un hilo conductor en medio del conjunto invertebrado de consignas, programas y tácticas de todos los populismos colombianos del siglo XX”, afirma el fislósofo Jorge Giraldo, en su libro Populismos a la colombiana (Debate, 2018), “el lugar más propicio para hallarlo es el pensamiento de García Nossa”. Son las ideas que secunda el Victorino Perdomo, el del barrio Quiroga.

El guión de Los Victorinos dispone que Victorino Perdomo derive hacia la extrema izquierda de la Anapo y termine integrándose a una guerrilla urbana llamada “Defensa Popular”.

Basta escuchar sus argumentos en pro de la insurgencia armada para decidir que esa guerrilla es un trasunto del “M-19”, la guerrilla en que militó Petro en los años 70, mucho antes de convertirse en el formidable adversario del populismo uribista que reclama para sí las ideas de Gaitán.

Corren muy hondo los ríos del actual populismo colombiano, Jano bifronte con cara de Álvaro Uribe, con cara de Gustavo Petro.



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