Más de la caravana

Más de la caravana

En su libro La mara, Rafael Ramírez Heredia documenta la condición miserable de quienes buscan cruzar la frontera entre Guatemala y México. La protagonista, Sabina Rivas, sufre abuso sexual del cónsul mexicano que podría darle una visa, otro tanto de los soldados que resguardan el acceso fronterizo y finalmente padece violaciones de las pandillas de la Mara Salvatrucha. Todo por el sueño de llegar a California y tener una vida mejor. La novela, que fue llevada al cine, documenta en todo su dramatismo la odisea de los centroamericanos que cruzan México.

Uno hubiera supuesto que después de la publicación del libro (2004) y la exhibición de la película, México habría establecido mecanismos profesionales de atención a los asuntos migratorios. No fue así. En pleno tránsito de la caravana migrante centroamericana por nuestro país, no queda claro cuál es la posición oficial del Gobierno que está por iniciar. No se ha anunciado ninguna política de largo plazo más allá de declaraciones políticamente correctas sobre ofertas de visas. Parece dominar la expectativa de que el problema disminuirá una vez que pasen las elecciones intermedias en Estados Unidos y no es así. El flujo migratorio (¿o deberíamos decir flujo de refugiados?) desde Centroamérica hacia México continuará los próximos años mientras se sostengan las condiciones de violencia crónica, inseguridad pública y carestía económica en esos países. Con independencia de la posición estadounidense, a México le urge establecer un esfuerzo coordinado de cooperación internacional con esas naciones y quizá con algunas otras para aliviar los problemas regionales. Ya en una columna anterior mencioné el ejemplo de Contadora en el decenio de 1980.

No solamente eso. Mientras empiezan a operar las respuestas de largo plazo para disminuir la marea migratoria hay que definir políticas de seguimiento para quienes están cruzando. Arturo Peimbert, presidente de la Defensoría de los Derechos Humanos de Oaxaca, denunció la desaparición el sábado de alrededor de 100 migrantes en Ciudad de la Isla, Veracruz. Los migrantes habrían abordado camiones en condiciones de hacinamiento para continuar su viaje y posteriormente se les perdió la pista. Si no se encuentran a la brevedad, el Gobierno de México tendrá entre manos otro escándalo internacional de derechos humanos.

Las preguntas se multiplican. ¿Cuánto presupuesto habrá que destinar a albergues? El fin de semana también fue preciso improvisar un albergue en el estadio Jesús Martínez Palillo en la Magdalena Mixhuca, donde han sido contabilizados alrededor de mil 700 migrantes. Se les puede ofrecer comida y cobijas. ¿Y después? ¿A cuál instancia gubernamental le corresponderá en el próximo gobierno el monitoreo de quienes crucen la frontera sur? ¿Se les permitirá el acceso sin restricción alguna? ¿A todos? ¿A unos cuántos? ¿Quién y cómo se decidiría la selección? Dudas todas ellas perturbadoras.



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