México ya cambió

México ya cambió

México sin duda ya cambió, y el que no se haya dado cuenta quizá forme parte de esos empresarios a quienes les pusieron la zanahoria y van tras de ella; o son de aquellos que están bien ilusionados con el cuento de que los que llegaron van a acabar con la corrupción y la inseguridad. De entrada, el país ya es otro porque ahora se escucha la voz de un solo hombre.

Y parece mentira, pero hasta hace apenas unos meses se escuchaba la opinión de un Emilio Gamboa o la de un Manlio Fabio Beltrones. También estaba por ahí la de Gil Zuarth; y ni qué decir de la atención que le poníamos a un José Antonio Meade.

También prestábamos oídos a uno que otro gobernador, e incluso el propio Carlos Slim acaparaba las miradas si convocaba a una conferencia. Bueno, hasta esos farsantes de los 43 tenían su espacio. Pero a partir del primer día de diciembre, cualquier otra palabra que no sea la del presidente va a valer un cacahuate.

Olga Sánchez, Jiménez Espriú y demás personajes que rodea al santísimo, dirán y harán única y exclusivamente lo que se les instruya. Nada de ponerse creativos o pretender salir con iniciativas propias. Sobra decir que los legisladores oficialistas también estarán de adorno… de florero pues.

Y es que si por el presidente fuera, en el lugar de estos colaboradores tendría unos muebles, pero el sistema requiere mínimamente de cuerpos que respiren. Los pobrecillos piensan que son cercanos e indispensables, pero en el mareo que produce la silla grande, cualquiera es prescindible; y más si se atreven siquiera a quitarle un poco de luz al amado líder.

Ese famoso dedito ya no es tan pequeño, es un índice grandote que dicta leyes, dirige proyectos, asigna contratos, deshace obras, designa candidatos, castiga opositores, señala detractores y calla u otorga la palabra a quien le plazca. Sí, México ya cambió.

No gustaba Fox porque hablaba de más y sin corrección política; o porque Martita era entrometida (la vamos a extrañar). También se le fueron encima a Calderón porque sacó al ejército a combatir al narco (yo creo que algunos ilusos pensaban o piensan aún que debía enfrentarlos con policías municipales). Y bueno, al Presidente Peña no le dimos un maldito respiro.

Sin embargo, ninguno de ellos atacó a la prensa y tampoco dividió a los mexicanos por clase. Mucho menos enviaron a un ejército cibernético a callar voces en las redes; y sobra decir que ninguno sacó a sus huestes a la calle a bloquear carreteras.

Sí, México ya cambió, ni duda cabe. Si prestamos atención a lo que nos dictan, debemos confiar, callar y obedecer. Si discernimos al respecto, más nos vale empezar a trabajar en las próximas elecciones intermedias. Los vecinos del norte son un buen ejemplo.

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