Peña y la seguridad

Peña y la seguridad

Está por llegar a su término constitucional el sexenio de Enrique Peña Nieto. En los hechos, hace mucho tiempo que dejó de ser gobierno. Alguien tendrá que escribir la crónica del año 2014, el momento en el que el Presidente decidió dejar de gobernar. Creo que es comprensible que la administración peñista tuviera un enorme golpe en la credibilidad y popularidad ese año: en menos de dos meses aparecieron la Casa Blanca y desparecieron los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Lo que fue sorprendente es que el Presidente que inició con una enorme energía y con el despliegue de una gran habilidad política no haya tenido la voluntad de relanzar a su gobierno; repensarlo, redirigirlo, reiniciarlo. Decidió mantenerse en Los Pinos sin ejercer las facultades correspondientes a su inquilino.

En los próximos días comenzaremos a leer los veredictos y juicios sobre su gobierno. Es difícil de creer, pero el peñanietismo (que, por cierto, no vivirá después del 1 de diciembre) nunca construyó una narrativa después de las reformas llevadas a cabo a través del Pacto por México. Su apuesta fue ésa y sólo sea: aprobar las reformas y esperar sus mágicos resultados. La Constitución y la ley serían modificadas y, de pronto, tendríamos un nuevo país. En ese sentido, no era necesaria una narrativa: los resultados serían tan contundentes que hablarían por sí solos.

Uno de los temas en los que el Gobierno decidió ceder la narrativa a sus adversarios políticos fue en el de seguridad y derechos humanos. En efecto, el gobierno priista heredó una de las situaciones de derechos humanos más complejas y dolorosas que haya enfrentado el país. No era fácil lidiar y superar la crisis de seguridad más profunda que haya vivido mi generación.

Pero ni siquiera hubo la intención de construir una narrativa. Una evidente era la de derechos humanos. El Gobierno ensayó esta opción al celebrar la liberación de Florence Cassez. En un atisbo de apertura envió al Congreso de la Unión una iniciativa para elevar a rango constitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero no persistió. No quiso dar esa batalla y optó por quedarse con la narrativa de la falta de coordinación y de los buenos contra los malos.

Tampoco procuró encontrar un camino distinto en el combate a la delincuencia organizada. Bajo el actual gobierno, los operativos en todas las entidades federativas crecieron considerablemente. El saldo neto en el número de policías reclutadas para la Policía Federal en seis años es de 900. Sí, 900. Con Felipe Calderón fue de más de 30,000.

El Presidente Peña decidió que el Ejército se mantuviera al frente de las tareas de seguridad pública. Y decidió también dejarles a sus adversarios el juicio de su gobierno.

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