Proceso y la libertad

Proceso y la libertad

El fin de semana se produjo una polémica en redes sociales con motivo de la nueva edición de la revista Proceso. Los diseñadores de la revista tienen mucho talento para transmitir mensajes editoriales contundentes con la sola imagen de su portada. En esta ocasión aparece una fotografía de López Obrador acompañada de las palabras “AMLO se aísla: el fantasma del fracaso.”

La ira de algunos simpatizantes del nuevo gobierno se manifestó en Twitter y en los calificativos que Federico Arreola usó contra Proceso. Arreola consideró la portada “sensacionalista por excesivamente golpeadora.” Haciendo gala de elegancia lingüística, Arreola escribió “es una chingadera, una inmoralidad: mierda y solo mierda…”

Preocupa mucho que ésos sean los términos del debate público. Era factible encontrar otros vocablos incisivos, sin necesidad de recurrir a expresiones altisonantes, para precisar el desacuerdo. Leamos la nota principal de Proceso que fundamenta la portada. Ni siquiera se trata de una posición institucional de la revista, sino la opinión del prestigiado constitucionalista Diego Valadés. Valadés, entrevistado por Álvaro Delgado (Premio Nacional de Periodismo 2003), declara “si realmente se quiere independencia del poder político frente al poder económico no es a partir de construir a un personaje que se enfrente a un sistema de poder económico, es construyendo todo un sistema institucional que le dé robustez a ese poder político.”

¿Por qué Arreola no dirige sus críticas directamente a los argumentos de Valadés? ¿Por qué no iniciar un debate intelectual con él, en lugar de atacar a la revista que publicó las palabras del abogado? Una posibilidad es que ciertos comentaristas hayan pensado que Proceso le daría un tratamiento amigable al nuevo gobierno. Vale la pena considerar referentes internacionales. En España, el diario El País se desprestigió cuando defendió a capa y espada el gobierno de Felipe González, sin reconocer sus escándalos de corrupción. En Inglaterra, The Guardian anuló su propia credibilidad durante muchos años cuando se descubrieron los crímenes del estalinismo, un sistema que el rotativo británico aplaudía. En Estados Unidos, The New York Times se vio forzado a pedir disculpas a sus lectores por su vergonzosa aceptación del discurso oficial del Presidente Ronald Reagan, cuando éste afirmó que su gobierno no financiaba los contras centroamericanos. Estaba mintiendo y el periódico no hizo nada por verificar sus palabras. En Francia, en cambio, el Presidente Mitterrand y su estratega Jacques Attali nunca dejaron de padecer la crítica severa de Le Monde. Cuando la izquierda francesa perdió el poder, conservó un medio de comunicación prestigiado por su independencia.

En un país donde la oposición partidista fue borrada por los electores, la fidelidad de Proceso a su vocación crítica del poder es agradecible y deseable. Recuerden los simpatizantes de AMLO que como decía Jesús Reyes Heroles “lo que resiste, apoya.”



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