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Regresa con Serotonina el

Regresa con Serotonina el "une star" de la literatura francesa

Entornos miércoles 16 de enero de 2019 - 05:17


POR MARTHA ROJAS

Cronista despiadado, escritor indómito o un payaso. Esas y muchas otras cosas es y no es Michel Houellebecq, uno de los autores franceses más fascinantes y odiados, quizá desde Jean Paul Sartre.

Su figura desalineada y la cruda avidez con la que es capaz de retratar su vida sexual lo convirtieron en el favorito de la prensa sensacionalista y en el objeto de desdén de la crítica seria. Pero algo de todo eso es cierto, desde la aparición de su primera novela Ampliación del campo de batalla (1994), Houellebecq ha logrado colarse en la lista de los grandes escritores de la República gala gracias a su capacidad, casi profética, de vislumbrar en tiempo real, las transformaciones de la sociedad y anticiparse a las consecuencias.

El próximo 15 de febrero, llega al mercado nacional Serotonina (Anagrama, 2019), una novela con la que Houellebecq demuestra que su “rara” personalidad no está peleada con su éxito en las librerías, pues las ganancias, tan sólo en el mercado francés, se sitúan en los 23 mil dólares, en su primera semana de “estreno”.

Florent-Claude, tiene 46 años, y lo único que reprocha a sus padres es el nombre compuesto con el que lo llamaron. Se medica con Captorix, un comprimido pequeño, blanco, ovalado, divisible que facilita la liberación de la llamada hormona de la felicidad sin alterar sus instintos suicidas o de autoinmolación y que le provocan una supresión indefinida de la libido, náuseas e impotencia.

El encuentro en Almería con dos jóvenes hermosas, mientras toma un descanso de su vida y evalúa las posibilidades de una ruptura con su flamante novia Yuzu, lo llevan al inicio, a eso que los psicólogos modernos llamarían introspección, luego de lo cual concluye que no es más que “un gallina inconsistente”, un pusilánime sin convicciones y con miedo al compromiso.

Florent, hombre vacío, sin raíces ni creencias. No tiene códigos éticos lo cual le permite ser testigo del abuso sexual de una menor sin intervenir, ni comunicárselo a las autoridades. No se respeta a sí mismo, ni a los demás. No conoce la autoestima, ni la compasión por el dolor ajeno. Sólo siente lástima de sí mismo.

Sus constantes inconsistencias con la vida lo llevan a buscar un lugar inexistente. Emprende un camino que no concluye, como se espera, con el reencuentro del ser amado sino con una devastadora soledad que convive con el salvaje mundo que lo devora todo.

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IM/CR

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