Tiempo de canallas
Tiempo de canallas

lunes 24 de Diciembre de 2018


Lillian Hellman fue una de las escritoras más sobresalientes de la literatura estadounidense durante el siglo XX. Novelista, dramaturga, memorialista, corresponsal de guerra, guionista de cine. No solamente fue una gran escritora comprometida con la máxima calidad estética, sino que logró esa difícil conjunción entre indiscutibles merecimientos literarios y un enorme éxito comercial. Gozó de fama y dinero lo mismo en Broadway que en Hollywood. Además, su vida parece sacada de un folletín de aventuras. Cubrió periodísticamente la Guerra Civil Española, se volvió pareja sentimental de Dashiell Hammett, preso político y gran autor y renovador de la novela policíaca.

A pesar de todo lo anterior, Hellman es recordada principalmente como un ejemplo de dignidad y valentía política por su notable oposición al macartismo. Llamada a declarar ante el Comité de Actividades Anti Americanas (el discurso nacionalista siempre es autoritario) en 1952, Hellman se negó a dar un testimonio contra sus amigos y colegas de la izquierda intelectual y sindical.

En una de las épocas más oscuras de la política estadounidense, la del furor persecutorio del anticomunismo, Hellman no apeló a valores ideológicos sino a su crianza sureña. Ella declaró que se rehusaba a incriminar a su círculo de conocidos por una simple razón: decencia. No era propio de los valores de una elegante dama sureña hablar mal de otros. Por más presión que el poder legislativo estadounidense quiso ejercer contra ella, dijo que estaba dispuesta a cumplir la ley y declarar todo lo concerniente a su propia vida y actividades. De otros, no tenía nada qué decir. Ella no pertenecía al partido comunista, pero la gran mayoría de sus allegados, incluida su pareja, sí.

Su heroica resistencia a los cuestionamientos del poder quedó registrada en su libro más famoso: Tiempo de canallas. Ahí, la vemos lidiar con los temores y las dudas propios de quien se siente acosada por un gobierno autoritario. El estado americano se valió de herramientas muy efectivas para doblegarla. Intentaron desde la persecución fiscal hasta el espionaje y vigilancia de su vida privada. Le negaron pasaportes a fin de impedirle trabajar en el extranjero, prohibieron su contratación en Hollywood y Broadway, requisaron las regalías de sus libros. Aun así, ella no cedió.

Obligada a sufrir privaciones económicas y a dejar de escribir (el gobierno presionó a las editoriales para que ya no publicaran libros suyos), Hellman prefirió trabajar como dependiente en una tienda de ropa antes que denunciar a cualquier persona. Cuando el macartismo fue derrotado, Hellman recuperó su carrera y consolidó su prestigio. No obstante, el testimonio de su valor, su civismo, y como ella decía, su decencia, hereda importantes lecciones para nuestro tiempo. Lea sus libros. Feliz Navidad a usted y los suyos.

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