Toma de posesión: en retórica, estructura es mensaje (1)

Toma de posesión: en retórica, estructura es mensaje (1)

A unas semanas de la toma de posesión del Presidente electo, conviene recordar el poder del discurso político en estos tiempos de reconfiguración general de nuestro régimen democrático.

Una buena pieza retórica puede inspirar o motivar a los seguidores del político, informarlos o reclutarlos; o convencer a sus contrincantes que sabrá gobernar. Una excelente pieza, en cambio, puede lograr todo eso, pero además inclinar una contienda electoral competida o definir o retomar el rumbo de la patria. Ninguno de estos empeños es menor; son fundamentales para la lucha por el poder, la toma del poder y el ejercicio del poder.

Así, el discurso es el vehículo privilegiado del gobernante para transmitir con claridad y alcance su mensaje, programa, valores, visión del mundo, estrategia y oferta política. Por este medio comunica por todas las vías a su disposición, a todas las audiencias posibles y con la idea de persuadir para su causa al mayor número posible de ciudadanos.

Para cumplir su misión, el buen discurso político debe prepararse, ensamblarse y pronunciarse con ciertas reglas generales del oficio; algunas de forma y otras de contenido que, bien ejecutadas, desplegadas con precisión, revestirán al mensaje y al propio orador de solidez y congruencia, tan necesarias para navegar de mejor manera el proceloso mar de los primeros 100 días de gobierno.

Según los iniciados en el arte del speechmaking hay 10 muy útiles lineamientos que todo gran discurso debe observar. Veamos.

Primero: Reconoce y agradece a tu audiencia y preséntate con ella. No des inicio con la médula de tu mensaje; ofrécele con tus primeras palabras una especie de apretón de manos verbal. Segundo: Toda gran pieza de oratoria demanda organización (orden), también conocida como anatomía temática. El mantra es sencillo: “Diles lo que vas a decirles, después diles lo que viniste a decirles y luego diles lo que le sacabas de decir.” Tercero: Todo buen discurso necesita una cadencia o ritmo que logre acercar al orador y al público con la idea de sedimentar en el ánimo de la audiencia lo esencial del mensaje. Para lograrlo, los especialistas acuden a la anáfora, figura retórica consistente en una repetición de ciertos elementos.

Cuarto: Asir la ocasión. Hay que reconocer el momento en el que se articula el discurso. Puede tratarse de tomar el liderazgo o cederlo en un momento de crisis; puede haberse ganado o perdido la elección o darse una coyuntura en que la nación entera está hambrienta de esperanza, liderazgo o certidumbre. Quinto: Propósito. El orador debe hablar con un fin, un objetivo. Quizá sea sólo informar, pero también puede ser inspirar, motivar, recordar, avizorar. En todo caso, el orador debe tener claro el foco y, por lo tanto, su discurso debe expresarlo.



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