Una pasión editorial
Una pasión editorial

viernes 11 de enero de 2019 - 05:27


Un puñado de aventureros se ha dedicado en México a publicar libros de y sobre teatro, enfrentando problemas de financiamiento y distribución. ¿Cuál es el panorama de un sector editorial especializado y tan necesario para la formación de nuevos talentos de las artes escénicas?


ABIDA VENTURA



Hace 33 años, el investigador Edgar Ceballos fundó un centro de documentación e investigación que empezó a labrar el camino de un reducido pero valioso sector editorial dedicado al teatro y a las artes escénicas. Creado en 1986 como asociación civil, Escenología vino a llenar las carencias de la docencia y la investigación teatral, pues hasta entonces, a pesar de la efervescencia que había vivido el teatro en México a principios del siglo XX y entre los años 60 y 70, nadie se había ocupado de recopilar su memoria, mucho menos de su enseñanza teórica.


Investigador autodidacta, comprometido con la pedagogía del quehacer teatral, Ceballos emprendió la búsqueda de bibliografía sobre teoría teatral en bibliotecas y librerías europeas con la intención de difundirla en Latinoamérica. Así comenzó un proyecto editorial pionero que, de manera independiente y sorteando adversidades, rescató la historia de la disciplina en México, publicó textos sobre teoría teatral, de dramaturgia, libros sobre la actuación, técnicas de la dirección escénica, iluminación; también sobre danza, ópera y circo. En tres décadas conformó un catálogo de casi 500 títulos, el acervo más importante en su tipo de Hispanoamérica. Hoy, el historiador ha decidido bajar el telón y dedicarse únicamente a preparar su “testamento cultural”, una recopilación de 125 años de historia del teatro en México que publicará en varias entregas a partir de este año (2019) y hasta 2025. “Yo ya hice lo que tuve que hacer, ya cumplí. Durante mucho tiempo cubrimos lo que las grandes editoriales nunca hicieron”, dice.



LOS APOYOS


Por fortuna, en las últimas décadas, detrás de este proyecto pionero han surgido otros que han enriquecido y diversificado el catálogo editorial de las artes escénicas, un área abandonada por los grandes sellos y las instituciones culturales. Son pequeñas editoriales que se han ido abriendo camino poco a poco, sorteando las adversidades de lo que implica ser independientes, lidiando con los costos de producción y los problemas de distribución, pero que han logrado subsistir gracias a la dedicación de sus fundadores, a la implementación de singulares modelos de financiamiento, a colaboraciones con instancias nacionales o extranjeras. Ocasionalmente también reciben apoyos gubernamentales o coeditan con instituciones culturales, un esquema que por ahora adelantan incierto ante la propuesta del futuro director del Fondo de Cultura Económica (FCE), Paco Ignacio Taibo II, de fusionar las librerías de la editorial pública con las de Educal y absorber la Dirección General de Publicaciones (DGP) de la Secretaría de Cultura, una de las pocas áreas de la dependencia federal con que los teatreros han logrado coeditar títulos.


Ediciones El Milagro, que edita títulos sobre teatro y cine desde 1992, es uno de los proyectos que en los últimos años logró publicar con la DGP. Pablo Moya, encargado de la editorial, teme que se cierre esa pequeña ventana que había para las coediciones. “En el momento en que la DGP desaparezca, podría desaparecer ese apoyo; no creo que lo vaya a suplir el Fondo porque es una editorial que no tiene por qué coeditar, y eso sería perder la posibilidad de publicar teatro en México. A veces la idea de juntar y unificar todo puede ser contraproducente en el sentido de que pierdes diversidad en las publicaciones”, comenta. Plantea que si esa fusión llega a darse, deberían mantenerse las coediciones.


Un sentimiento similar comparte Boris Schoemann, director de la Compañía Los Endebles y el Teatro La Capilla, proyecto que comenzó a experimentar con la edición de textos hace 11 años. “Habrá que analizar cuáles son las nuevas opciones que tenemos las editoriales para pedir apoyos o coinversiones para hacer coediciones con instituciones gubernamentales; los independientes necesitamos seguir difundiendo nuestros textos”, dice. Él no ve mal la propuesta de Taibo II, siempre y cuando haya apoyos suficientes para fomentar la actividad editorial.


Jaime Chabaud, director y fundador de la Editorial Paso de Gato, opina que, de concretarse esos planes, debería implementarse una verdadera política del libro, una en la que la editorial del Estado, además de publicar y dar incentivos para coediciones, impulse esquemas que permitan a las editoriales especializadas distribuir sus materiales en el país y en el extranjero. Después de 18 años en este negocio, que comenzó con la publicación de la revista de teatro en 2001, el investigador mexicano tiene claro que uno de los principales obstáculos de las editoriales independientes es la distribución. En el caso de Paso de Gato, uno de sus principales canales de venta en la República ha sido la red nacional de Librerías Educal, por lo que Chabaud considera que la nueva administración debe fortalecer y ampliar esa cadena librera: “Educal es una gran empresa. No sé si sea una buena idea fusionarlo con el FCE, pero si se hace, tendría que pensarse como una enorme empresa del Estado para que distribuya; no deberían cerrar ninguna librería, es fundamental crecerla”.



PASO DE GATO


El investigador y promotor cultural asegura que, contrario a lo que se cree, en México sí hay un mercado para los libros de teatro y artes escénicas. “Mercado hay, la bronca es poder alcanzarlo. Es un pequeño público, pero fácil han de ser unas 100 mil personas las que se dedican al teatro en este país”, sostiene.


Y precisamente para cubrir ese nicho en México, en agosto de 2016, Paso de Gato abrió su primera librería en el edificio de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) en Coyoacán. Ahí puso a la venta su rico catálogo que incluye dramaturgia, teoría teatral, artes escénicas y cine, así como títulos de otras editoriales especializadas.


Además de las revistas Paso de Gato y Cine Toma, la editorial produce desde 2007 las colecciones Cuadernos de Teatro (obras teatrales en formato de bolsillo), Artes Escénicas (teoría, historia y dramaturgia), El Gato en Zapatilla Artezblai (en colaboración con la española Artezblai), y Anatomías Textuales (antologías de autores contemporáneos). Con ese amplio catálogo, el proyecto de Jaime Chabaud y el actor José Sefami ha logrado colocarse como una de las editoriales más reconocidas en Iberoamérica. Sus materiales también están a la venta en línea, en librerías de España, Argentina, y recientemente abrieron sucursales de la librería Paso de Gato en Sonora y San Luis Potosí. Pronto abrirán en Guadalajara, Monterrey, Tijuana y Mérida.


En San Luis Potosí la librería abrió en febrero de 2018 en el Foro Organización Artística, un espacio cultural que funciona desde hace siete años en el centro histórico de esa ciudad. Al frente está el escritor y promotor Jaime Godoy, quien colaboraba como voceador de la editorial y notó el interés de la comunidad artística potosina por este tipo de publicaciones: “La realidad es que aquí no hay otros espacios donde encontrar material de artes escénicas. Hay muy buenas librerías: tenemos Educal, Gandhi, pero el catálogo de Paso de Gato es muy pequeño y no les llegan las novedades. Hemos tenido muy buena respuesta; la gente ya está ubicando que ahí está el material, ya nos hacen encargos. Eso quiere decir que hay interés en cierto público”, dice.


A pesar de estos logros, Jaime Chabaud asegura que están todavía muy lejos de ser una editorial autosustentable. Para sobrevivir, durante estos 18 años han apostado por diversos esquemas de financiamiento. Al principio, cuenta, subsistieron por la publicidad de las revistas Paso de Gato, Cine Toma y del Boletín Mensual de Artes Escénicas; enriquecieron su catálogo gracias a coediciones con instituciones de los estados, universidades o instancias extranjeras y, en algunos momentos, gracias a apoyos de Etiquetados de la Cámara de Diputados. Pero las ganancias por la venta de libros nunca han alcanzado para sostener el proyecto. Y hoy, Paso de Gato está en un momento contradictorio: “estamos pasando por una crisis severa, pero al mismo tiempo es el momento más esplendoroso en términos de influencia, de aceptación en el ámbito Iberoamericano”, confiesa Chabaud. En noviembre de 2017, después de 10 años, tuvieron que dejar de publicar la revista de cine por falta de publicidad; en los últimos dos años la editorial también redujo su personal a la mitad y, a principios de diciembre, aún no tenían claro si la edición de Paso de Gato de este mes de enero se publicaría por la falta de publicidad.


“Siempre tenemos que hacer piruetas. Sigue siendo una mala empresa, no es vender tacos o mezcal; es un producto cultural y siempre es vender con una posibilidad de superávit económico minúsculo o inexistente, pero lo más jodido es que es una pasión enferma. Uno lo hace porque este trabajo es muy bello”, expresa Chabaud.



EL MILAGRO


Ediciones El Milagro también ha aprendido a sobrevivir en ese entorno adverso. En 26 años ha logrado consolidar un rico catálogo de publicaciones que incluyen textos fundamentales para la teoría teatral y el cine, títulos de dramaturgos mexicanos contemporáneos, así como obras traducidas, pero la sola venta de libros tampoco ha sido redituable. Pablo Moya asegura que uno de los grandes patrocinadores de la editorial (así como de la productora y el teatro) ha sido el bar El Milán, establecimiento en la colonia Juárez que nació con la idea de financiar ese proyecto cultural. “Una tercera parte del financiamiento viene del bar. Entre la venta de libros, el bar, y algunos apoyos institucionales es que hemos podido financiar nuestro catálogo”, dice.


El editor relata que han ensayado diversas experiencias de colaboración para la distribución de materiales en México y en el extranjero, pero no siempre han funcionado. “Hemos mandado libros a provincia, al principio hay mucho entusiasmo, pero de pronto las librerías cierran y ya no te pagan los libros”. Cuenta que en el extranjero, a través de la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes (AEMI), lograron colocar títulos en algunas filiales del FCE, como España y Colombia. Pero exportar libros sigue siendo una tarea difícil: “Es muy complicado y es un gran impedimento porque si pensamos en el mercado del libro en lengua española, sería una gran oportunidad para todos poder exportar libros”, apunta Moya. Por ahora, dice, prefieren vender directamente en escuelas, en las ferias de libro como FIL Guadalajara, o la Feria del Libro Teatral (Felit), que desde hace 11 años reúne en la capital a las editoriales especializadas.



LA CAPILLA


En 2007, la Compañía Los Endebles y el Teatro La Capilla también comenzaron a editar textos. La idea, cuenta Boris Schoemann, surgió cuando él y Ximena Escalante impartieron un taller de dramaturgia y quisieron publicar los textos de sus alumnos. A esa primera colección, Dramaturgia en Escena, le siguieron textos de dramaturgos de otros países, sobre todo quebequenses. Uno de sus autores estrella ha sido Wajdi Mouawad, de quien han publicado cuatro títulos: Alphonse, Litoral, Incendios, Bosques y Cielos. Obras de teatro para niños y jóvenes y una colección de teatro mexicano contemporáneo se sumaron después a su catálogo. En 11 años han publicado 105 títulos.


Schoemann relata que en todo este tiempo uno de los escasos estímulos que han obtenido para sus publicaciones ha sido el Programa Único EPRO Libros, lanzado en 2012 por el entonces Conaculta y el INBA para apoyar la producción de obras literarias nacionales. “Eso nos permitió publicar varios títulos de dramaturgia mexicana contemporánea, y desde entonces, la verdad, está cada vez más color de hormiga poder publicar”, comenta. El dramaturgo explica que cada año la compañía y el teatro obtienen apoyo del programa México en Escena, pero ese recurso solo alcanza para la operación y las actividades anuales de La Capilla y de la sala Novo, que abrió hace 3 años. “Eso nos limita muchísimo poder publicar nuevos títulos”, expresa.


A pesar de eso, el dramaturgo considera que hay que apostar por la edición de textos teatrales, pues hay un público interesado en conocer la actualidad de ese quehacer artístico: “Cada vez que salimos de gira hay muchos jóvenes que se nos acercan a preguntar cómo conseguir los libros. Es importante que el país tenga una política de apoyo a las editoriales para que se conozca la actividad de los dramaturgos mexicanos, que son muy buenos; también la de autores internacionales”.


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IM/CR

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