Claudia Bolaños
El próximo miércoles se espera la sentencia de Genaro García Luna en Estados Unidos por sus vínculos con el narcotráfico; mientras tanto, en México hay varios casos pendientes de justicia, como el de Francisco Javier de la Cruz Mejía, quien fue detenido en 2008, a sus 37 años, acusado de atentar contra la vida del ex subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos, conocido como el zar antidrogas.
Ese subprocurador de la entonces PGR, era amigo cercano de García Luna, y murió al poco tiempo en un accidente aéreo con Juan Camilo Muriño, secretario de Gobernación.
A Francisco de la Cruz se le encuentra con sus datos personales en notas periodísticas de ese entonces, como sicario de los Zetas, un ex integrante de los Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales (Gafes) y hasta un matón del Cartel de Sinaloa, a cargo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, pero en su casusa penal ni se menciona de ningún intento de homicidio, sino de asociación delictuosa y portación de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército, las que ni siquiera fueron puestas a disposición de la autoridad.
El 26 de junio de este 2024, en su sentencia absolutoria, 20/2019-V, dictada por María del Socorro Castillo Sánchez, Juez Segunda de Distrito de Procesos Penales Federales en el Estado de México con Residencia en Toluca, se señala que la PGR no mostró de qué manera los acusados estaban organizados a un dizque grupo criminal, y ni siquiera determinó cuál fue la conducta específica que se le imputó, ante lo cual no hubo acreditación de los hechos, y sin embargo, en julio del 2015 fue sentenciado a 49 años y dos meses de prisión y 50 días de multa, en cuanto a la asociación delictuosa recibió sentencia de 31 años de cárcel y 350 días de multa, por la portación de armas, según determinación del titular del juzgado Sexto de Distrito en materia de procesos penales federales, ya extinto.
Después de diversas torturas, de las cuales seguirá padeciendo secuelas físicas toda su vida, y tras 16 años de prisión en las instalaciones del Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) No. 1, mejor conocido como el Penal del Altiplano o La Palma, De la Cruz Mejía fue liberado, vía amparo, pero sin derecho a reparación del daño.
Su caso es solo uno de los muchos que esperan justicia en México, tras la fabricación de delitos a manos de García Luna, ex secretario de Seguridad Pública, y colaboradores, como el caso de Israel Vallarta, acusado de secuestro, y a quien el ex presidenta intentó liberar, pero al haber sido vinculado a otro plagio, sigue en proceso.
Se espera que el ex alto funcionario mexicano enfrente una posible condena de cadena perpetua y una multa de 5 millones de dólares por conspiración para distribuir cocaína a nivel internacional.
Pero los casos fabricados, de ilícitos graves, como el de Francisco Javier de la Cruz Mejía, por sus diversas torturas y la desaparición de su familia, seguirá sin justicia alguna.
Al salir se encontró sin dinero, familia, casa y hasta sin documentos porque al ser digitalizada su acta de nacimiento, lo hicieron con errores que le impiden acceder a su CURP; arreglar sus documentos le costaría un traslado a la Ciudad de México, con recursos de los cuales carece.
Fue aprehendido en Cuajimalpa, junto a José Luis Ochoa Buzo y José Guadalupe Laguna Anguiano, quien quedó muchos años con lesiones en el cerebro, perdiendo la memoria a consecuencia de la tortura a la que fue sometido, y por lo mismo murió, encarcelado.
En entrevista con Contra Réplica, De la Cruz narró parte, de lo que lo hicieron padecer policías locales y federales bajo el mando de García Luna.
“Nos hincan, nos ponen la pistola en la cabeza, nos tapan la cara, y uno de ellos dijo: ya valieron madre, y se oyó un disparo. Me hincaron y me dejaron así esposado por atrás, entonces una persona que vi antes con traje, se me acerca y se me paró en la parte trasera de los tobillos, y empieza a moverse y moverme y me truena los tobillos; se me voltean los tobillos así. Escuché cómo tronaron”.
El entrevistado tuvo que hacer pausa para continuar: “Me pateaban, se me hizo una bola, me golpearon con la pistola, aquí tengo cicatriz de una rajada y me pegaban con, no sé si era madera, me zafaron estos dedos de la mano, me reventaron los oídos, me salió sangre de los dos oídos, la quijada me la reventaron todo, porque me truena, se me zafa”.
Un hombre robusto, de unos 120 kilos, también se le subió a las rodillas y se las dislocaron, por lo que lo operaron estando preso, pero no quedo bien. Caminar le genera dolor.
Al narrar cómo lo sumergían en agua, al indicar que tenía sed, e intentaron asfixiarlo, prefirió para la narración, pues aun le genera una alteración física y emocional, pues no recibió tampoco ayuda sicológica y médica al salir del Centro Federal de Readaptación Social, número 12 en Guanajuato.
Los tratos crueles, humillantes y degradantes fuero comprobados por los protocolos de Estambul, practicados por la perito en Sicología María Isabel Mazo Duarte,
y el perito médico Adrián Ramírez López, a petición de la juez que le concedió la libertad.
De la Cruz tampoco sabe de su familia, y lo último de lo que se enteró, fue que su esposa, quien dejo de irlo a visitar de manera intempestiva, fue hallada muerta, dentro de una bolsa; sus padres también fallecieron al poco tiempo de ser detenido. Lejos de su Ecatepec, en el Estado de México, aún temeroso de que pudieran aparecer otra vez esos hombres que le destrozaron su vida, sobrevive casi de caridad, habiendo pequeñas labores, pues no puede conseguir trabajo ante la falta de documentación.
Imagen: Especial