Claudia Bolaños
Patricia García, habitante de la colonia Roma Norte desde hace más de 30 años, describe con preocupación los cambios que ha vivido esta tradicional zona de la Ciudad de México. Desde su mirada, la gentrificación ha transformado radicalmente el entorno urbano y ha puesto en riesgo la vida comunitaria que durante décadas caracterizó a esta colonia de la alcaldía Cuauhtémoc.
“Antes esta era una colonia tranquila, con familias que llevaban generaciones viviendo aquí. Las casas eran grandes, hermosas, y se respetaba el ritmo del barrio”, relata. Sin embargo, el aumento de construcciones nuevas, con edificios de departamentos pequeños y de alta rotación de inquilinos, ha traído consigo una serie de problemas que afectan directamente a quienes aún resisten en la zona.
Uno de los principales efectos, dice, es la presión sobre los servicios urbanos. El incremento poblacional ha generado constantes apagones eléctricos, fallas en el suministro de agua y saturación del sistema de drenaje, especialmente en temporada de lluvias. “Estas casas no fueron diseñadas para tanto habitante. El drenaje colapsa, no hay agua suficiente y la luz se va muy seguido”, afirma.
Además, señala que la falta de espacios para estacionamiento, inherente al diseño original de estas construcciones porfirianas, ha sido utilizada como argumento para la instalación de parquímetros. “Antes la gente dejaba su coche en la calle sin problema. Ahora ya no se puede. Están metiendo parquímetros por todos lados, y no es para beneficio de los vecinos. Más del 70 por ciento de lo que se recauda se lo queda una empresa privada”, denuncia.
En su testimonio, la señora García resume una realidad que enfrentan muchas otras colonias tradicionales de la ciudad: el desplazamiento de habitantes con arraigo, el encarecimiento de los servicios y el avance de un modelo urbano que prioriza la inversión inmobiliaria sobre las necesidades de la comunidad.
Imagen: Especial