No contaban con su astucia
Un revés se llevó la integrante de la dirigencia nacional de Morena, Citlalli Hernández, luego de que el Grupo Chespirito le dio con su “Chipote Chillón” al no permitirle usar su logotipo e imagen para realizar propaganda política en la capital del país. En un escueto pero contundente posicionamiento, expresaron que no comulgan con ninguna ideología política, por lo que rechazan el uso del corazón y de las siglas CH por parte de la morenista. Ahora tendrá que buscar una nueva imagen que le permita hacer click con la ciudadanía, en especial con la de Cuauhtémoc, si es que quieren que sea la candidata a la demarcación y triunfe en los próximos comicios del 2027, en los que Morena ha fijado como una de sus prioridades.
Diana Sánchez Barrios no baja la mano
Quien dice ir contra viento y marea por la candidatura del partido guinda en Cuauhtémoc, es la diputada local Diana Sánchez Barrios. Dice que llegará hasta el final de la encuesta sin importarle con quien la midan dentro de su propio partido y con los aliados del PT y PVEM. Dice que, a diferencia de los demás competidores, incluyendo a la propia Citlali, ella sí conoce la alcaldía, porque ahí nació y creció, además de tener un amplio control del comercio informal en distintos puntos, como es la Zona Rosa, donde ha tenido duros enfrentamientos contra Alessandra Rojo de la Vega. Si algo se puede decir de la diputada, es una mujer de palabra que difícilmente se amedrenta.
La Unión y Anti-Unión: El monstruo de las mil cabezas
La fiscal General de Justicia de la Ciudad de México, Bertha Alcalde, ha fijado claramente su objetivo para abatir la incidencia delictiva y que se centra en el combate a los dos principales grupos delictivos o cárteles citadinos: La Unión y la Anti-Unión de Tepito, los cuales tienen sus centros de operación enclavados en el corazón del CDMX. No es desatinado lo que plantea la fiscal; sin embargo, representa enfrentarse al “monstruo de mil cabezas” en el que se logra cortar una, pero siguen muchas más con vida. Así pasa con estos grupos delictivos en el que pueden detener a un líder y otro surge de inmediato para ocupar su lugar. Puede morir uno de sus sicarios y ya está otro trepado en la motocicleta disparando a mansalva por las calles de la capital. Son años que estas dos organizaciones antagónicas operan y luchan entre sí para tener el control de la venta de droga, cobro de piso, extorsiones telefónicas, secuestro y todo lo que se puede imaginar. No es que sea uno pesimista, pero luce muy complicada esta lucha.