Quien hoy cumple 60 años pertenece a una generación irrepetible. Nació cuando la humanidad apenas había llegado a la Luna, cuando una llamada telefónica dependía de un cable, una fotografía tardaba días en revelarse y la palabra “internet” no existía en el lenguaje cotidiano. Seis décadas después, esa misma persona puede hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta, consultar en segundos el conocimiento acumulado por la humanidad y observar cómo una inteligencia artificial responde en segundos preguntas que antes exigían años de estudio.
Pocas generaciones podrían dar testimonio de una transformación tan profunda y acelerada. Cuando nacieron, el mundo albergaba alrededor de 3,700 millones de habitantes. Hoy supera los 8,000 millones. La esperanza de vida mundial ha aumentado de manera sostenida y ronda los 73 años, mientras que en países como el nuestro alcanza aproximadamente los 75 años. Vivimos más, sobrevivimos a enfermedades que antes eran una sentencia y la medicina ha logrado avances impensables hace apenas medio siglo. Sin embargo, la longevidad también plantea nuevos desafíos para los sistemas de salud, las pensiones, los seguros y el cuidado de una población cada vez más envejecida.
Esta generación creció durante la Guerra Fría, aprendió a convivir con el miedo de un conflicto nuclear y fue testigo de la caída del Muro de Berlín, del fin de la división ideológica del planeta y de una globalización que transformó economías, culturas y formas de vida. Vio desaparecer fronteras comerciales mientras aparecían otras, digitales y tecnológicas.
Fue también la última generación que conoció un mundo analógico y la primera que tuvo que adaptarse al universo digital. Es la generación que escribía cartas y hoy envía mensajes instantáneos; que consultaba enciclopedias y ahora busca información en segundos; que escuchaba discos de vinilo, casetes y CD antes de que toda la música del mundo y cientos de películas cupieran en un teléfono móvil.
El trabajo también cambió radicalmente. Antes, una carrera profesional podía desarrollarse durante cuarenta años en una sola empresa. Hoy predominan la movilidad laboral, el teletrabajo, la automatización y la economía digital. Muchos de los empleos actuales ni siquiera existían cuando esta generación ingresó al mercado laboral, mientras que otros desaparecieron por completo.
La ciencia avanzó a una velocidad difícil de imaginar. Se descifró el genoma humano, la cirugía robótica dejó de ser ciencia ficción, los trasplantes se perfeccionaron y las vacunas demostraron nuevamente su capacidad para salvar millones de vidas durante la pandemia de COVID-19. Aquella crisis sanitaria recordó al mundo que, pese a los avances tecnológicos, la humanidad sigue siendo vulnerable y profundamente interdependiente. Le cuento más el martes…
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