México enfrenta un horizonte de mediano plazo para desarrollar una industria nacional de semiconductores que permita sustituir importaciones de microchips básicos, un proceso que podría tomar al menos cinco años. Actualmente, el país participa en un mercado global superior a los 700 mil millones de dólares anuales, impulsado por sectores como el automotriz, electrónico y de telecomunicaciones, aunque su integración productiva se concentra en etapas de ensamblaje.
El reto es estratégico y está vinculado con la relocalización de cadenas de suministro y la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Estas negociaciones colocan a México en una posición clave para atraer inversiones, aunque aún enfrenta limitaciones en capacidades tecnológicas y ecosistemas productivos.
Carlos Rebellon, vicepresidente nacional de Semiconductores en Canieti, explicó que se busca avanzar en lo viable para evitar impactos negativos en los consumidores. “Si se ponen aranceles donde no hay sustitución posible, ese costo se traslada al consumidor final, y eso es lo que se quiere evitar”, señaló.
El desarrollo de esta industria dependerá de las reglas de origen que se definan en la revisión del T-MEC, ya que estas determinarán qué componentes deberán producirse en la región para mantener ventajas arancelarias. “Va a ser clave qué reglas de origen se llegasen a fijar después de la revisión del T-MEC. Cuando se tengan reglas estables, vamos a ver qué tipo de actividad buscan atraer a México”, añadió Rebellon.