Familiares y compañeros de los 10 mineros secuestrados en Concordia, Sinaloa, desmintieron la versión del gobierno federal que atribuye el hecho a una supuesta confusión entre grupos criminales. Testimonios señalan que el crimen organizado buscaba que los trabajadores abandonaran la mina operada por la empresa canadiense Silver Vizsla, la cual habría ignorado amenazas previas.
De acuerdo con relatos difundidos por el periodista Juan Carlos Zúñiga, los mineros recibieron advertencias desde hace más de un año para dejar de operar y se les pidió cambiar el color de sus chalecos de naranja a amarillo para ser identificados en campo. Los trabajadores aseguran que fueron sacados por la fuerza del campamento donde descansaban, lo que contradice la hipótesis de que fueron confundidos con integrantes de otro grupo criminal.
El secuestro ocurrió la noche del 23 de enero de 2026, cuando un comando armado irrumpió en un fraccionamiento de La Clementina, inmueble rentado por la minera para alojar a su personal. Compañeros de las víctimas denunciaron sentirse intimidados por la empresa, que les pidió no declarar sobre las amenazas ni el secuestro.
El gobierno federal mantiene hermetismo sobre lo ocurrido, aunque informó la detención de cuatro personas que declararon que se trató de una confusión. Sin embargo, no se ha revelado su identidad ni el modo en que se llevó a cabo la privación de la libertad.
El 3 de febrero, la Fiscalía General de la República confirmó el hallazgo de una fosa clandestina en la comunidad de El Verde, donde fueron localizados cinco cuerpos que corresponden a los mineros desaparecidos. Las autoridades continúan con la identificación de los restantes.