Rosalía convierte la CDMX en una obra de arte con su LUX Tour
Rosalía en CDMX: así fue su espectacular concierto LUX Tour con Mon Laferte
La Ciudad de México volvió a rendirse ante Rosalía. En el Palacio de los Deportes, la catalana convirtió su presentación del LUX Tour en algo que rebasó por mucho la idea convencional de un concierto: una experiencia escénica construida en actos, donde la música, la teatralidad, la espiritualidad y la fuerza visual caminaron de la mano. La gira contempla cinco fechas en la capital mexicana, consolidando a la CDMX como una de las paradas centrales de su recorrido.
Desde el primer instante, el público entendió que estaba frente a una propuesta distinta. La introducción orquestal abrió la puerta a un espectáculo de gran formato y dio paso al universo de LUX, antes de que Rosalía recuperara la energía de Motomami y demostrara, una vez más, por qué su lenguaje artístico ha trascendido fronteras.
Un viaje de LUX a Motomami
La primera parte fue envolvente y solemne. “Sexo, violencia y llantas”, “Reliquia”, “Porcelana”, “Divinize” y “Mio Cristo piange diamanti” construyeron una atmósfera casi ceremonial. Después llegó “Berghain”, uno de los grandes puntos de quiebre de la noche.
Pero la intensidad no tardó en explotar. “SAOKO”, “La Fama” y “La Combi Versace” transformaron el Palacio de los Deportes en una pista de baile multitudinaria. Rosalía pasó de la solemnidad al desenfreno con una naturalidad que solamente una artista acostumbrada a romper sus propios límites puede conseguir. El repertorio combina buena parte de LUX con canciones fundamentales de Motomami.
El confesionario: intimidad y empoderamiento
Uno de los momentos más poderosos llegó con el confesionario, espacio que se ha convertido en una de las piezas más personales del LUX Tour. En esta ocasión, Mon Laferte tomó el escenario para hablar de amor, desamor, deseo y de su propia manera de sentir.
El encuentro adquirió una dimensión especial porque ambas artistas compartieron una conversación sobre la libertad de amar y la intensidad emocional de las mujeres. Después, “La Perla” encontró en la presencia de Mon una nueva lectura, reforzando el carácter íntimo y confesional de la propuesta.
“Focu ’ranni” y “Magnolias”: un final para sentir
La recta final recuperó la energía con “BIZCOCHITO” y “DESPECHÁ”, antes de desembocar en “Focu ’ranni”. Ahí, la música dejó de ser únicamente espectáculo para convertirse en una experiencia física y emocional.
Y entonces llegó “Magnolias”. Sin necesidad de un despliegue mayor, Rosalía cerró la noche llevando al público hacia un territorio mucho más íntimo. El tema funciona como epílogo del espectáculo y dejó la sensación de haber presenciado una obra dividida en tiempos, emociones y lenguajes.