Nuestra democracia se ha construido a lo largo de la historia a través de la participación, compromiso y lucha de mujeres y hombres que han levantado la voz por el respeto a los derechos de todas y todos.
Las mujeres que lucharon por el reconocimiento de sus derechos político-electorales en la década de los cincuenta; las personas jóvenes que se manifestaron por la libertad de expresión en los sesenta; y aquellas personas que día a día lucharon por mejores condiciones para la ciudadanía, fueron construyendo una sociedad para el ejercicio de derechos y libertades.
Hoy, esas personas y luchadoras sociales son la generación de mayor edad en nuestras comunidades y, desafortunadamente, en muchas ocasiones, son olvidadas o dejadas de lado en los procesos de toma de decisión y generación de nuevas ideas en favor de la ciudadanía.
Las personas adultas mayores, a pesar del gran cúmulo de aportaciones que han hecho, son relegadas a un segundo plano en el acceso a la vida democrática de nuestro país, siendo discriminadas e incluso violentadas en el ejercicio de sus derechos.
Sin embargo, de acuerdo con información del Instituto Nacional Electoral, en el Proceso Electoral 2017-2018 los grupos etarios con mayor participación se ubicaron de los 60 a los 75 años, con porcentajes de votación muy superiores (72%) en comparación con la media nacional (63.1%).
Lo anterior, nos ayuda a comprender que las personas que lucharon por un mejor país, lo siguen haciendo ahora a través del voto, teniendo al sufragio como un derecho y una responsabilidad para la construcción de una sociedad más justa, equitativa e incluyente, ideal que con toda seguridad siempre fue su objetivo.
Es fundamental e impostergable que formemos en las nuevas generaciones una clara noción de respeto y admiración por quienes nos antecedieron, inculcándoles que fueron quienes construyeron el andamiaje regulatorio, cultural y social que hoy nos permiten tener un mayor disfrute y ejercicio de nuestros derechos.
Desde el ámbito de las autoridades electorales, considero que debemos dar una mayor promoción a la apertura de espacios para la formación y participación de las personas adultas mayores, escuchar sus necesidades e ideas para mejorar sus y nuestras condiciones de vida.
En el Tribunal Electoral de la Ciudad de México recientemente se aprobó el programa “Raíces por la Democracia”, como un espacio de reflexión y capacitación para personas adultas mayores de la ciudad en el ejercicio de los derechos político-electorales.
La participación e inclusión de todas las personas en la vida democrática, especialmente de las adultas mayores, nos ayudará en el fortalecimiento de la cultura cívica de nuestra ciudad. Demos y devolvamos la voz a quienes ya la dieron una vez por la sociedad.