En 2010 el gran favorito para obtener la sede del mundial del 22 eran los Estados Unidos, el país del dólar tenía todo lo necesario: dinero, estadios, medios de comunicación e infraestructura. Sin embargo, durante las votaciones, las cosas dieron un giro dramático e inesperado; la FIFA otorgó la sede al candidato más improbable, Qatar, país artificialmente creado (igual que el resto de petromonarquías del golfo Pérsico) por el imperio británico, ubicado en medio del desierto abrazador, sin tradición futbolera, ni estadios. Algo había podrido en Dinamarca. De suerte que los gringos, rencorosos y vengativos como son, comenzaron una investigación forense sobre el asunto, la cual arrojó como consecuencia el famoso fifagate en 2015, que expuso las prácticas corruptas en la asignación de sedes (las cuales también son reproducidas por el COI).
Como corolario, para que no le siguieran haciendo manita de puerco, la FIFA dio la sede del mundial 2026 a los USA (y continuó tan corrupta como siempre), junto con México y Canadá, por aquello del número de selecciones nacionales (48) participantes en el torneo deportivo más importante del mundo. Pero Estados Unidos no es, de ninguna manera, una sede digna, todo lo contrario. Son el peor anfitrión en la historia de los mundiales, apenas hoy comienza el campeonato y ya han realizado una serie de acciones inaceptables:
El árbitro somalí, Omar Artan, quien sería el primer silvante representativo de dicho país africano, fue detenido a su arribo y no se le permitió el ingreso, sin que mediara explicación alguna. La FIFA no hizo nada al respecto y se limitó a decir que Artan podía ser removido.
Cuando la selección de Iraq llegó al aeropuerto de Chicago, las autoridades de migración retuvieron a su jugador estrella, el delantero Aymen Hussein y lo encerraron en un cuartucho donde fue interrogado durante siete horas, cual sospechoso de haber cometido un crimen. Una acción por demás injusta, vejatoria y humillante hacia un deportista que debió ser recibido como un embajador de paz y buena voluntad. El fotógrafo oficial iraquí fue retenido durante diez horas y no se le permitió entrar. La FIFA permaneció en silencio.
Hasta el momento, el caso más extremo de las ruindades cometidas por el “anfitrión” se ha dado contra los iraníes: el gobierno gringo negó la visa a varios miembros de la delegación, afectando a parte del cuerpo técnico y directivos (la razón: porque sirvieron a su patria en la Guardia Revolucionaria Islámica, cuerpo militar iraní que los gringos catalogan como “terrorista”. Mejor deberían mirarse al espejo). Además, prohibió a los integrantes del equipo persa la permanencia después de cada encuentro que dispute. Deberán entrar y salir del país el mismo día; un desgaste extra que podría disminuir su rendimiento. Es un caso extremo de aquel “comes y te vas” de Vicente Fox al comandante Fidel Castro. La FIFA no dijo nada, a pesar de que, según su filosofía y estatutos, debe garantizar la igualdad y no discriminación en el deporte. ¡Ah, pero eso sí, es feroz y decidida contra el grito supuestamente homofóbico de la afición mexicana!
Aún falta ver las acciones del malhadado ICE que seguramente perseguirá con saña a todo aquel sospechoso de no ser blanco anglosajón protestante. El mundial tripartito está en vías de ser el más horrible y caótico de la historia, pero en los tiempos que corren, caracterizados por la decadencia de la humanidad, no pareciera estar del todo fuera de lugar.
PS: Da la impresión que los maestros de la CNTE son, en los hechos, aliados de Claudio X. González y los intereses que representa, enemigos jurados de su movimiento. Hasta el jueves…