Ayer, en la sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, se empezaron a calentar los ánimos y el eje central de la discusión giró en torno a los lineamientos que desde el oficialismo se pretenden imponer supuestamente para defender los derechos de las audiencias y cuidar la libertad de expresión.
El tema se dividió en dos: el oficialismo vs la oposición. De parte del primero, no soltaron el discurso de que se trata de proteger los derechos humanos, sin dejar la frase de que quien gobierna en México es el pueblo, esa masa que bien a bien no está definida pero que indudablemente, son beneficiarios de los programas del bienestar y no entienden mucho, ni siquiera poco, de estos asuntos que a sus ojos, son complicados.
Bien vale la pena rescatar la postura del PRI, que ha sido reiterada en diversas ocasiones por el dirigente de este partido, Alejandro Moreno Cárdenas, quien desde hace ocho años advirtieron primero, el proceso de extinción de los organismos autónomos, “para someter a los críticos y cancelar cualquier contrapeso”.
De ese modo dio inicio el proceso de acabar con la libertad de expresión. Más allá, el también senador Moreno Cárdenas se refirió a que de manera preocupante, el modo de gobernar en nuestro país, “se alinea cada día más con los regímenes dictatoriales de Cuba, Venezuela y Nicaragua”.
Desde el Revolucionario Institucional, se hicieron el propósito de defender “el derecho de todos y todas a informar, opinar, investigar y cuestionar al poder… La libertad de expresión no se pide y no se negocia. Se ejerce y se defiende”, sentenció Alito Moreno.
Pero aquí sobresale una cuestión muy importante; cada vez son más los temas, -y este es uno de ellos-, que surgen en la escena política nacional que ponen en la mesa la inminente urgencia de que la oposición se sume en un gran bloque porque de otra manera, no podrán competir frente al oficialismo que tiene todo el aparato del Estado a su favor.
Mientras en Morena se desgastan en sus propios procesos internos para designar a sus candidatos, lo que se ha vuelto una rebatinga, la oposición debe considerar los puntos comunes que tiene con otros partidos y de ahí, fortalecerse.
El primero que también con suficiente anticipación no ha quitado el dedo del renglón, es el dirigente del tricolor y ha debido de enfrentar las reticencias de un panismo dirigido por Jorge Romero, quien se pierde más en los intentos frustrados por dar una nueva imagen al PAN.
Vale la pena destacar que otra ala del partido albiceleste que cuestiona a su líder, empieza ya a abrir la puerta a la posibilidad de formar alianzas para el 2027 y más allá, al 2030. Una condición para esto, es que la oposición no se pierda en pleitos como los que hoy vive el oficialismo.
morcora@gmail.com