Este 11 de septiembre se conmemora el 53 aniversario del Golpe de Estado que interrumpió el Gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende Gossens. Frente a este hecho histórico, la exembajadora de esa nación ante México y también colega, Beatriz Sánchez Muñoz en entrevista para ContraRéplica, sentenció: “La democracia se construye con diálogo y siempre viviremos agradecidos a esta nación porque no solo recibió a la familia del presidente Allende, sino que con ella arribaron un grupo de académicos que formaron a diferentes generaciones de mexicanos”.
¿Cuál es su lectura sobre estos 53 años de historia que nos acercaron, pero que también alejaron a nuestras naciones entre 1973 y 1989, hasta el referéndum en el que sus paisanos decidieron su futuro apostando por la democracia y rechazando a la dictadura?
Este 2026 se cumplen 53 años desde el golpe que interrumpió la democracia y concluyó con el gobierno de Salvador Allende. Es una fecha histórica y un hecho que no solamente marcó a Chile, sino a toda América Latina. En ese contexto, ustedes son un país trascendente porque muchas de nuestras familias llegaron exiliadas a México como los Allende, al igual que un grupo importante de académicos que incidieron profundamente en muchas generaciones.
Frente a las corrientes políticas globales que intentan reescribir o matizar las rupturas democráticas del siglo XX, ¿cuál es el mayor desafío que enfrenta Chile hoy para garantizar que el "Nunca Más" tras el 11 de septiembre de 1973 siga siendo un consenso nacional inquebrantable?
Ese es probablemente el reto más complejo que tenemos hoy, no solo en Chile, sino a nivel global. El mayor desafío frente a estas corrientes negacionistas es no ceder un solo milímetro en la defensa irrestricta de los derechos humanos. El "Nunca Más" exige que entendamos que ninguna crisis política, económica o social justifica un golpe de Estado, ni mucho menos la tortura, la desaparición y el asesinato desde el aparato estatal. El reto está en combatir la desinformación con verdad y justicia. Necesitamos fortalecer nuestras instituciones y fomentar un diálogo intergeneracional donde la memoria no sea vista como una revancha, sino como el único cimiento posible para construir un futuro donde nuestras legítimas diferencias políticas se resuelvan siempre con más democracia, nunca con menos.
El exilio chileno forjó lazos indisolubles gracias a la doctrina diplomática mexicana. A más de medio siglo de distancia, ¿considera que la memoria histórica sobre la solidaridad de México está suficientemente resguardada y transmitida en el sistema educativo chileno contemporáneo?
Es una pregunta muy pertinente. Quienes vivimos, ya sea directa o indirectamente, el dolor del exilio, llevamos a México grabado en el corazón. Sabemos lo que significó que esta tierra abriera sus puertas cuando otros las cerraban. Sin embargo, en términos del sistema educativo formal, creo que siempre estamos en deuda. La memoria histórica no es algo estático; es un músculo que debe ejercitarse todos los días. Si bien los textos escolares abordan el quiebre democrático, debemos hacer un esfuerzo mayor para que los jóvenes comprendan la magnitud de la solidaridad internacional, y muy especialmente la mexicana. No basta con recordarlo en los aniversarios; debe ser parte esencial de nuestra formación ciudadana para valorar lo que significa el asilo y la hermandad latinoamericana.
¿Realmente la dictadura (1973-1989) aportó un modelo de pensiones próspero y estabilidad económica a Chile?
No fue así. La verdad, si miramos los índices de pobreza y desigualdad, fueron los peores de esos años. Creo que la verdadera recuperación económica fue alcanzada por los gobiernos de la Concertación, desde Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y la presidenta Bachelet. Se intentó una recuperación del país sin cambiar de tajo el modelo que hoy puede estar en crisis, es una opinión personal, pero el intento de recuperación económica está ahí. Ahí es donde se mejoró. Se logró un ascenso y mejoría en la vida de las personas no durante la dictadura, sino en la Concertación, momento en que se bajó el nivel de pobreza que la dictadura dejó en un 43% en Chile. Se redujo a un 11% y se incrementó la clase media; una gran cantidad de personas pudieron entrar a la universidad. Donde efectivamente cambió el nivel de vida en Chile fue un esfuerzo posterior, que no tiene que ver con lo heredado de la dictadura, sino con una manera de tratar de aminorar el impacto de los duros cambios que se vivieron en ese período.
Con los recientes cambios de administración en ambos países y mirando hacia el futuro, ¿cómo visualiza que los gobiernos de José Antonio Kast y la actual administración en México puedan liderar una agenda conjunta progresista frente a los nuevos retos medioambientales y de integración latinoamericana?
Sin duda, estamos ante una oportunidad histórica. El presidente José Antonio Kast ubico en el centro de su gobierno una agenda con un profundo sello ecológico, feminista y de justicia social, principios que resuenan fuertemente con la visión de la actual administración en México. Ambos países entienden que la crisis climática y la desigualdad no pueden enfrentarse de manera aislada. Visualizo un liderazgo conjunto en foros multilaterales para impulsar una integración latinoamericana que no se quede solo en los discursos, sino que se traduzca en políticas reales: transición energética justa, protección de nuestros recursos naturales como el litio y la defensa de los derechos sociales. México y Chile tienen la autoridad moral y el peso diplomático para ser el motor de un progresismo moderno en la región.
¿Cuál es el estado de la agenda bilateral tras su experiencia como representante diplomática en nuestro país?
Independientemente de quién gobierne, México y Chile mantienen excelentes relaciones, amparadas por un acuerdo de cooperación amplio que no es solamente comercial como lo tenemos con muchos países, sino también político, cultural y programático. Fue y sigue siendo un momento extraordinario para los lazos entre Chile y México.
¿Qué resultados arroja el Tratado de Libre Comercio México-Chile y qué importancia ofrece su país a la Alianza Transpacífica?
Mantenemos tratados de libre comercio con diversos países del mundo; en el caso de México, recientemente cumplimos 27 años de su entrada en vigor. Es un momento interesante para potencializar nuestra afinidad económica. El intercambio de importaciones y exportaciones entre ambos países es una joya o en término chileno, una pata, pero también tiene un pie en lo político. Para muestra, el intercambio entre instituciones, tanto federales para México o de gobierno para Chile, así como entre municipios y gobiernos regionales. Y también tiene todo un aspecto social y cultural que pudimos ver representado en la propia embajada a propósito de los murales que unen a México con Chile, significando un intercambio permanente que enriquece a ambos países.
¿Qué ventajas ofrece a su país su amplio potencial litoral y la importancia que representa para Chile la Convención de Ginebra sobre Derecho del Mar?
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar incumbe a nuestros 6,000 kilómetros de costa, siendo un país largo y con una presencia marítima permanente. Planteamos propuestas que se transformaron, primero a nivel regional en América Latina y luego acogidas por buena parte del mundo; Chile, después Perú y Ecuador, fueron avanzando en la idea de las millas de protección marítima. Primero la del litoral, después la de la segunda zona marítima y finalmente la primaria para poder ejercer la soberanía, que son las 200 millas de zona económica exclusiva. Hoy día, no solamente el mundo se define de esa manera, sino que como país buscamos que haya una protección a la biodiversidad que existe en el mar y a las distintas especies marinas mediante sectores marítimos protegidos.