En México ningún hijo de presidente ha llegado a ser presidente. El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano lo intentó en tres ocasiones. No lo consiguió. Sin embargo, la primera vez que compitió por ese cargo, en 1988, el sistema electoral calló o cayó cuando trascendió que iba adelante en el conteo en más de un estado. Una vez reactivado, la tendencia volvió a favorecer al candidato oficialista y al final mantuvo la ventaja, en medio de dudas y sospechas. Se impuso el poder del partido en el poder.
A pesar de que la entonces Comisión Federal Electoral, encargada de organizar el proceso, presidida por el secretario de Gobernación, no anunció resultado la noche de la elección y emitió un desplegado para precisar que todavía no estaba en condiciones de hacerlo por lo cerrado de la competencia, los medios de comunicación en general dieron como triunfador al abanderado del tricolor.
Las protestas de la oposición encabezada por el ingeniero Cárdenas, a las que se sumó el panista Manuel J. Clouthier, sacudió el sistema. Los votantes parecían dispuestos a todo. Incluso corrió la versión de que serían capaces de intentar tomar Palacio Nacional si su abanderado así lo decidía. El ingeniero optó por la prudencia y evitar un hecho de sangre.
Los panistas dirigidos por Luis H. Álvarez se replegaron. Dejaron solo al famoso “Maquío”. No dudaron en firmar un acuerdo para aceptar lo que llamaron la legitimación en el ejercicio en el poder, todo con el fin de impedir cualquier posibilidad de que Cárdenas llegara a la presidencia.
Después de este episodio, volvió a competir dos veces más por la presidencia. El pueblo ya no lo apoyó como esperaba.
Nadie más en la historia de México, como hijo de presidente, ha competido por la presidencia de la República.
Para cuando empezó a buscarla, su padre el general Lázaro Cárdenas ya había fallecido. Tampoco vivía cuando compitió y ganó como candidato a gobernador en el estado de Michoacán.
De cualquier manera, es indiscutible que el nombre, la historia y el prestigio de su padre lo impulsó en su carrera política. El general Lázaro Cárdenas del Río expropió el petróleo y fue precursor del reparto agrario.
En la actualidad, hay otro hijo de ex presidente que pudiera competir por la presidencia de la República. En este caso el papá vive y no se sabe si lo ayudaría en ese propósito,
Se trata de Andrés Manuel López Beltrán (40 años de edad), al que sus cercanos llaman “Andy”. Mientras su padre fue presidente de la República, no ocupó ningún cargo público, ni en el gobierno ni en el partido. Se hizo secretario de organización de Morena una vez que concluyó el sexenio.
Ahora es candidato a diputado federal por el VI distrito de Tabasco, donde el “obradorismo” mantiene una gran influencia, por lo mismo son altas las posibilidades de que gane.
¿Cuál sería la meta de “Andy”? ¿Nada más ser diputado federal? ¿Llegar a coordinar la bancada de su partido? ¿Alcanzar la senaduría? ¿Competir por la gubernatura de su estado? ¿Posicionarse para participar en la elección presidencial de 2030?
Obvio que su alcance de miras no podría ser simplemente terminar su carrera como diputado federal.
Llegaría hasta donde se lo permitan sus capacidades y se lo permitan sus compañeros. Seguramente también tomaría en cuenta la opinión de su padre Andrés Manuel López Obrador.
Como todo ciudadano mexicano, que goza de todos sus derechos constitucionales, puede aspirar a cualquier cargo público.
Al igual que el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, siendo hijo de ex presidente, “Andy” no podría negar que el nombre le ayuda. Su padre fue fundador de Morena y el primer presidente de la izquierda. Cierto que su padre se auto decretó el retiro de la política, nada más que su legado ahí está, sigue vivo e impacta de manera directa en sus descendientes.
El acoso y la diversidad de imputaciones en su contra, no serían casuales. Quizás hasta le estén cobrando algunas facturas de su progenitor. Se quejó en carta con el presidente Donald Trump porque según sus palabras le quitaron la visa sin razón alguna.
No parece que todo esto le quite el sueño. No ha dejado de asistir a los actos del partido ni hay indicios de que vaya a declinar la candidatura a la Cámara de Diputados.
Por lo tanto, como dicen que en política a nadie se puede dar por “muerto”, puede ser candidato presidencial en 2030.
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