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“Aunque me den todo el oro del mundo, no me devuelven a mi hijo, pero que sea justo”, exige mamá de Immer del Águila

“Aunque me den todo el oro del mundo, no me devuelven a mi hijo, pero que sea justo”, exige mamá de Immer del Águila

Entornos lunes 02 de mayo de 2022 -

Por Elia Cruz Calleja

“Ya no lo voy a volver a ver, ya no lo voy a escuchar. Vi a mi hijo entrar, pero ya en su cajón”, llora la señora Jocabed Pineda al recordar la triste noche del 4 de mayo de 2021 a las 23:00 horas, cuando le entregaron el cadáver de su hijo Immer del Águila Pineda en su casa.

Aquella trágica noche del 3 de mayo del año pasado, 2021, con la esperanza de que su hijo estuviera vivo, la familia Del Águila Pineda emprendió una larga búsqueda del joven ingeniero en sistemas de apenas 29 años de edad, que tras regresar de su trabajo en las aduanas del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) abordó, como todos los días, el Metro de la línea 12 para regresar “más seguro” a su casa en Mixquic —luego de ser asaltado tres veces en avenida Zaragoza—, pero que se encontró con el tren que minutos más tarde se desplomó con él adentro.

Immer, aficionado de los Diablos Rojos del Toluca desde la infancia y líder juvenil de la iglesia adventista, religión que profesaba, fue uno de las 26 personas que tuvieron la “mala suerte” de estar en uno de los dos vagones que colapsaron al vencerse una “ballena” que sostenía las vías del tramo elevado que va de la estación Tezonco a Olivos y que según los peritajes, sucedió por la “falta de pernos Nelson”.

“Mi hijo murió por la negligencia de las autoridades”, reclama la señora Jocabed, sobre el fallecimiento del joven modelo de hijo, amigo y deportista, jugador de futbol soccer tanto en la colonia como en el trabajo, mientras muestra la playera del Toluca, que el día de su muerte, Immer recibió junto con un ramo de rosas de parte del entonces entrenador y exjugador del club, Hernán Cristante.

La madre del joven querido por todos los vecinos, compañeros de la universidad y del trabajo, relata en entrevista con La Hoguera que ese día del accidente se enteraron a través de las noticias, y lo único que su esposo y ella pensaron fue comunicarse con su hijo para avisarle que ya no podría pasar porque el Metro había colapsado, pero nunca imaginaron que él estaría dentro de las víctimas.

Inmediatamente después de intentar comunicarse con él una y otra y otra vez, hasta que una persona respondió a los llamados asegurando que se había encontrado ese celular entre los escombros y que seguramente pertenecía a uno de los heridos, fue que el hijo mayor, salió de su casa junto con su padre y tía, hacia hospitales en busca del hermano desaparecido. Más tarde, a la búsqueda se unió la familia de Toluca —tíos y primos—, así como el pastor de la iglesia y el hermano menor que, finalmente, fueron ellos quienes para “descartar” se dirigieron al lugar donde estaban llevando a los fallecidos, la coordinación Territorial 6 de la Fiscalía, en la colonia Tepalcates de Iztapalapa.

Es ahí, a las 6:00 de la mañana, donde personal le muestra al más pequeño de la familia —recién graduado de la carrera— una fotografía de Immer, al cual inmediatamente reconoce, pero que esperó a que sus demás familiares llegaran para que su padre entrara a identificarlo.

Mientras tanto, la madre angustiada, junto a Vannia, novia de Immer, esperaban noticias en casa. “Yo solamente tenía el celular en la mano esperando que me hablaran y me dijeran: ‘ya apareció, está en el hospital, pero se va a poner bien. Yo esa noticia esperaba’. Pero vino el pastor a decirme que mi hijo ya había aparecido, pero muerto”, relató entre sollozos la señora Jocabed.

“Fue una desesperación e impotencia de quererlo ver. Pero mi hijo se fue contento, se despidió de nosotros en la mañana, pero ya no regresó. Ya un año de su ausencia”.

Por azares del destino, esa noche Immer tomó más temprano el Metro porque uno de sus compañeros que vive en San Juan Ixtayopan, tres pueblos antes de Mixquic, con el que a veces regresaba porque le daba “raid” en su automóvil, lo dejó en la estación Tezonco porque él tenía que pasar a recoger a su esposa que había ido a visitar a sus padres, que viven por la zona.

El joven que era el sustento de sus padres, la mamá de 57 años y el papá, comerciante, de 70, “tenía muchos sueños y proyectos que realizar”, afirma doña Jocabed quien subraya que su hijo ya estaba empezando a construir su casa que compartiría con su novia una vez que se casaran y con ellos mismo de los que nunca se desatendía.

“Mi hijo era el que se hacía cargo de nosotros económicamente, él nos traía la despensa, nos llevaba a comer, siempre me decía que me cuidara porque soy diabética, además se preocupaba mucho por mi mamá, su abuela. Me decía que la cuidara y también estaba atento de su hermano el mayor, que había subido de peso, para que no nos ‘dieran un susto’, pero cuando entró en su cajón, le dije: ‘mira hijo, el que nos dio el susto fuiste tú’”, recuerda.

Ahora, a horas de que se cumpla el primer aniversario de la tragedia que dejó incompleta a su familia, la señora Jocabed confiesa que tiene miedo, que desde el accidente “no puedo salir sola”, pero “por necesidad” en dos ocasiones ha tenido que pasar por la zona cero, pero que al momento de estar de frente al lugar donde encontraron sin vida a su hijo, le “viene el recuerdo y voy en el camión llorando”.

Dicho recuerdo que se aminora solamente cuando se encuentra en su casa viendo fotografías de su hijo feliz en su último cumpleaños que festejaron, el de los 29; además de rememorar todas las etapas de la vida compartida, en su graduación, en la boda del hijo mayor —que reunió a toda la familia—, así como diversos paseos que realizaron juntos y que ahora solamente “acaricia” su rostro a través del papel fotográfico.

A un año de su partida, doña Jocabed no deja de llorar la ausencia de su hijo y de exigir justicia, aunque también lo deja en manos de Dios, pues afirma que por más reparación del daño que exista, eso no le devolverá a su amado hijo Immer, porque para ella “todo se acabó en un abrir y cerrar de ojos y ya nada es igual”.

En tanto, recuerda que cuando todavía su hijo estaba siendo velado se acercó a ellos Esthela Damián, directora del DIF de la Ciudad de México, para ofrecerles apoyo “en lo que necesitaran”, “pero en ese momento qué vamos a necesitar, yo lo que necesitaba era a mi hijo.

“Lo único que se nos ocurrió en ese momento fue decirle que si podían darle una beca a mi hijo menor para que terminara su carrera, porque Immer era el que apoyaba a su hermano con eso”, explica entre lágrimas la madre.

Y abunda que ese día, la funcionaria le entregó 10 mil pesos en efectivo para los gastos funerarios y días después les depositó 40 mil pesos más, como un recurso entregado por el seguro del Metro que les fue dado a todas las familias de los fallecidos.

Pero conforme pasaban los días, a través de llamadas a su esposo, la titular del DIF de la administración de la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum Pardo insistía en que aceptaran una reparación del daño por 650 mil pesos, “que en ese momento ofrecía el gobierno” y para ello deberían acudir a sus oficinas. Y además de ello, le ofrecieron empleo para sus dos hijos, a los cuales presuntamente ingresarían a cualquier dependencia del gobierno central, promesa que jamás llegó, pues les pedían requisitos y muchos documentos con los cuales no contaban. Fue ahí cuando se perdió el contacto con las autoridades, afirma.

Ahora, los padres de Immer buscan que la reparación del daño sea justa, con la cual puedan tener acceso a servicios médicos y a una vida digna, como la llevaban cuando su hijo vivía y veía por sus necesidades, pues un mes después de fallecido ya no les quisieron dar consulta porque les dijeron que “su hijo ya no estaba trabajando”.

“Aunque me den todo el oro del mundo, no me devuelven a mi hijo, y ni con eso podría comprar a uno como él, pero sí que sea justo, que se pongan (las autoridades) en nuestros zapatos y que vean nuestras necesidades. Que tengamos una vida digna y poder tener acceso al servicio médico bien para no andar padeciendo, porque aunque pidiera millonadas, eso no va a aliviar mi dolor”.

Por otro lado, lamenta que las autoridades estén dando “largas y largas” a las audiencias que se están llevando a cabo por parte de todas las víctimas, además que los días de las diligencias “son muy tardadas, duran horas y horas y para que salgan con que les falta entregar carpetas”.

“Por eso lo hacen así, para que uno desista y mejor digan: ‘ya así porque nunca le vamos a ganar a Sansón’, pero yo tengo confianza en que se resuelva”.


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JA/CR

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