Por Claudia Bolaños
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Con sólo estudios de tercero de primaria, su mamá se vió obligada a sacar adelante a ocho hijos como empleada del hogar, pero la fuerza de esa mujer fue la que heredó la diputada federal Adriana Dávila, del estado de Tlaxcala, del Partido Acción Nacional (PAN), ahora una de las legisladoras que más luchan por la igualdad de género en San Lázaro y quien, como millones de mexicanas, vivió en carne propia la violencia por parte de quien fuera su pareja, lo que ahora consiguió dejar en el pasado.
Esta es la primera de varias entrevistas que entregaremos diariamente con motivo del Día Internacional de la Mujer, para conocer qué hay detrás de las mujeres, que hacen las leyes, y quienes tampoco se libraron de ser afectadas por situaciones machistas, y quienes nos cuentan los malabares que hacen entre su vida familia y su trabajo.
Acoso y violencia familiar están en sus recuerdos, y el haber denunciado las agresiones de una expareja, 20 años después de haberle sucedido, por sufrir otro tipo de violencia por el mismo sujeto, desde el ámbito en que se desarrollaba.
“Yo fui víctima de acoso y de violencia física, tuve una pareja hace tiempo y 20 años después de esa violencia, que incluso yo denuncié ante las autoridades en ese tiempo, tuve la gran ayuda de un amigo, que me ayudó, me protegió, muchísimo, que era autoridad, y se hizo amigo a partir de eso. Puse la denuncia y fue un año muy pesado. Tuve muchas críticas: cómo era posible que alguien que era senadora que había sido diputada, como era posible que se queje, y… pues terminamos nosotras ocultándolo porque nos sentimos culpables”.
En entrevista con ContraRéplica, Adriana Dávila —mamá de una joven de 16 años— gusta de hacer los quehaceres de su hogar y prefiere ver “el feminismo sin etiquetas”, como la antítesis del machismo, sino como una defensa de la mujer, por las desigualdades que vive.
“Lo cierto es que yo preferiría que no calificáramos ningún movimiento, la defensa de la mujer no tendría que tener ninguna etiqueta, y todas en algún momento, a nuestra manera, hemos luchado es de alguna trinchera. Hay momentos en que podemos cambiar las banderas por las causas”, refiere.
La legisladora reconoce todo el impulso que le dio su madre. “Me tocó tener la mejor mamá del mundo, una mamá súper luchadora, trabajadora, con condiciones de vulnerabilidad muy fuertes, que en su vida diaria nos hizo salir adelante a sus hijos. Yo soy la séptima de ocho. Estudió hasta tercero de primaria, fue trabajadora doméstica, se casó con mi papá a los 23 años, pero después vivimos una circunstancia en que ella fue el motor”, narra.
Con la emoción de recordar sus orígenes y el esfuerzo y amor de su mamá, la legisladora del blanquiazul, mantiene una sonrisa en el rostro al recordar que su mamá quiso ser maestra, pero la economía de su familia no se lo permitió; no obstante, ella no querría lo mismo para sus hijas.
“Nos dijo: Yo no tuve la oportunidad de estudiar, pero yo no las quiero pidiendo cosas, sino luchando y logrando sus metas, por lo que primero tienen que terminar una carrera (Ciencias de la Comunicación en la Universidad del Altiplano). Y yo me hice su estilo, a su disciplina”.