En preparación para la Copa Mundial de 2026, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, presentó el Plan Ciclista 2025-2030, iniciativa que contempla ampliar la infraestructura destinada a bicicletas con el fin de fortalecer la movilidad sustentable en la capital.
El proyecto incluye la construcción de 300 kilómetros de nuevas ciclovías, mantenimiento a los 553 kilómetros ya existentes, la creación de 50 biciestacionamientos, la expansión del sistema Ecobici hacia el norte, sur y oriente de la ciudad, así como la incorporación de 20 mil bicicletas públicas adicionales.
Uno de los componentes más polémicos es la ciclovía denominada “La Gran Tenochtitlan”, que recorrerá 36 kilómetros sobre Calzada de Tlalpan. Esta obra contempla jardineras para delimitar la vialidad y conectará zonas del norte al sur de la capital.
Sin embargo, la implementación del plan no ha estado exenta de críticas. En Calzada de Tlalpan, la reducción de carriles ha generado mayor congestión vehicular, mientras que las obras han afectado el tránsito peatonal debido a cierres parciales y materiales de construcción en la vía pública.
A ello se suma la inconformidad de las trabajadoras sexuales de la zona, quienes se han manifestado en contra de la ciclovía al considerar que impacta de manera directa en el desarrollo de sus actividades.
Aunque el gobierno capitalino busca ofrecer una ciudad mejor conectada y accesible para residentes y turistas durante el Mundial 2026, la transición hacia este modelo de transporte más limpio y moderno implica un periodo de ajustes que afecta a conductores, peatones, comerciantes y prestadores de servicios en la zona de Tlalpan.