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ÉL REGRESARÁ, ÉL NO ESTÁ MUERTO: Carmelita Cruz

ÉL REGRESARÁ, ÉL NO ESTÁ MUERTO: Carmelita Cruz

Nación lunes 28 de septiembre de 2020 - 00:17

Luis Carlos Rodríguez González


“Él no está muerto, al menos que una mamá no sienta la punzada del dolor en el alma, esa insoportable angustia de saber qué pasó en aquella noche cuando esas bestias se llevaron a nuestros hijos. Yo siento que estará por ahí con los 43 muchachos. Por eso, los buscaré a todos, porque también son mis hijos, seguiré exigiendo a las autoridades que regresen a nuestros niños”.
Carmelita Cruz, madre de Jorge Aníbal de la Cruz Mendoza, normalista de Ayotzinapa, quien junto con otros 42 de sus compañeros desapareció el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, tiene la convicción, la esperanza, que el gobierno le regresará a su hijo vivo, no en fragmentos. “El va a llegar, no importa el tiempo que pase”.
Dice que ha soñado que su hijo está vivo “que andaba en un campo buscando a los muchachos, les andaba gritando de un lado a otro y de pronto miré a mi hijo aquí, en la casa con una sonrisa como solía desprenderse conmigo, pero luego empecé a regañarlo – ¿pero por qué no me dijiste en dónde estaban? … él empezó a llorar y dijo -ay mamá, si ni nosotros sabemos dónde estamos. Aquí nos tienen encerrados como borregos”.
“El pasado 14 de agosto cumplió 24 años Jorge Aníbal. En 1996, nació en esta comunidad de Xalpatlahuac, municipio de Tecoanapa, Guerrero. Lo extraño como el primer día que contemplé su rostro. Veo jóvenes de su edad con quienes a menudo salía jugar en el campo deportivo y a veces me imagino que él viene ahí; le digo a mi papá que me estoy quedando loca, porque en esos muchachos veo a mi hijo”, señala doña Carmelita en un testimonio al Centro de Derechos Humanos Tlachinollan.
Doña Carmelita, como gran parte de la población de La Montaña de Guerrero, emigró a Estados Unidos para trabajar y mantener a su familia. Les mandaba dólares y le compró una máquina de escribir a Jorge Aníbal para su taller de taquimecanografía en la secundaria.
Él hacía planes de sembrar camote. Otra de las ideas que tiene es comprar becerros y engordarlos para vender; lo principal es que tenía pensamientos de hacer un rancho.
“Pero aquí me dejó. Alzó las alas para volar, no sé cómo le entró las ganas de ser maestro. Se fue a la Escuela de Ayotzinapa por dos meses y ya no llegó. Yo le decía que no fuera a la escuela de Ayotzinapa”.

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JG/CR

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