El Papa Francisco almorzó con un grupo de migrantes y personas en situación de vulnerabilidad durante sus vacaciones en Castel Gandolfo, en un gesto que reafirma su compromiso con la inclusión y la solidaridad. La reunión se llevó a cabo en la residencia papal, donde el pontífice compartió la mesa con familias provenientes de distintos países y escuchó sus testimonios de vida.
De acuerdo con el Vaticano, el encuentro fue organizado como parte de las actividades de descanso del Papa, quien decidió dedicar un espacio de sus vacaciones a convivir con comunidades que enfrentan condiciones de pobreza y desplazamiento. Los asistentes recibieron al pontífice con expresiones de gratitud y destacaron la importancia de sentirse acogidos en un ambiente de fraternidad.
Francisco reiteró su llamado a la Iglesia y a la sociedad para abrir espacios de integración y apoyo a quienes sufren exclusión. El almuerzo incluyó platillos sencillos preparados por voluntarios, y se desarrolló en un ambiente de cercanía y diálogo.
El gesto se suma a las acciones que el Papa ha impulsado en favor de los migrantes y refugiados, como visitas a centros de acogida y mensajes en defensa de los derechos humanos.