La activista argentina Taty Almeida, una de las figuras más representativas de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, falleció a los 95 años, dejando un legado marcado por la búsqueda de verdad y justicia para las víctimas de la represión durante la última dictadura militar en Argentina. Su muerte generó muestras de reconocimiento por parte de organizaciones de derechos humanos, sectores políticos y sociales que destacaron su compromiso durante décadas con la memoria histórica.
Nacida como Lidia Stella Mercedes Miy Uranga en Buenos Aires en 1930, Almeida se incorporó a la lucha por los derechos humanos tras la desaparición de su hijo Alejandro, secuestrado en 1975 por un grupo parapolicial. A partir de entonces se convirtió en una de las voces más visibles de las Madres de Plaza de Mayo, organización que denunció las desapariciones forzadas ocurridas durante el periodo de terrorismo de Estado en Argentina.
Durante casi cinco décadas participó activamente en movilizaciones, actos públicos y campañas para exigir justicia para los desaparecidos. Incluso en los últimos años, pese a problemas de salud que la obligaban a desplazarse en silla de ruedas, continuó asistiendo a eventos y pronunciándose en defensa de la memoria, la verdad y la justicia.
Recientemente había sido reconocida con el título de doctora honoris causa por la Universidad de Buenos Aires y seguía participando en actividades relacionadas con la defensa de los derechos humanos. Sus compañeras de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora la despidieron destacando su fortaleza, compromiso y capacidad para mantener viva la lucha de las nuevas generaciones.
La trayectoria de Taty Almeida quedó asociada a la defensa de las víctimas de la dictadura argentina y a la exigencia permanente de esclarecer el destino de miles de desaparecidos. Su figura es considerada uno de los símbolos más importantes de la resistencia civil y de la lucha por los derechos humanos en América Latina.