La Organización de Estados Americanos (OEA) apura los cartuchos de la diplomacia frente a la Nicaragua de Daniel Ortega, debatiéndose entre quienes se impacientan y piden pasar de las palabras a los actos y quienes optan por la cautela o incluso defienden al gobierno nicaragüense.
El domingo, Daniel Ortega ganó las elecciones para un cuarto mandato consecutivo tras haber apartado a los opositores que podían hacerle sombra: unos están encarcelados y otros se exiliaron.
Desde las protestas de 2018, que pedían la dimisión de Ortega y se saldaron con cientos de muertos, se han ido sucediendo las detenciones.
La OEA lleva tiempo llamando a Nicaragua a respetar los derechos humanos y adoptó dos resoluciones en las que pedía la liberación "de los presos políticos" y unos comicios "libres y justos".
En la resolución aprobada en octubre advertía a Managua que en la asamblea general inaugurada el miércoles podría tomar "otras acciones en conformidad con la Carta de la Organización de Estados Americanos y la Carta Democrática Interamericana".
Por "otras acciones" se entiende una eventual suspensión.
El proyecto de resolución impulsado el miércoles por ocho países (Estados Unidos, Canadá, Chile, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana, Uruguay y Antigua y Barbuda) pide al Consejo Permanente que haga "una evaluación colectiva inmediata (...) a más tardar el 30 de noviembre y tome las acciones apropiadas". Es decir, da un paso en esa dirección pero con un margen de maniobra.
Rusia, Cuba, Bolivia y Venezuela respaldan, por el contrario, a Nicaragua, cuyo embajador ante la OEA, Arturo Mcfields Yescas, sostuvo que en su país "se votó de manera libre, libre de presiones, libre de chantajes, libre de injerencias y libre de sanciones".
Con información de AFP
Imagen: AFP