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Movilidad y transporte público en la Nueva España

Movilidad y transporte público en la Nueva España

Entornos martes 07 de julio de 2020 - 19:04

Por Óscar Antonio Roa 

El transporte en la Ciudad de México ha sido objeto de controversias por su organización desde la época colonial, donde se reguló de distinta manera hasta antes de la Independencia. 

En principio, las altas sociedades tenían la fiebre por la compra de carruajes y carretas, pues entre más vistoso fuera su transporte, se transmitía el mensaje de un mayor abolengo. Desde luego, el mismo rey de España, Felipe II, tendría que emitir opinión respecto a esta nueva manera de moverse; por lo tanto, siendo un hombre de profunda instrucción militar, prohibió el uso de estos vehículos, bajo un argumento sobre el empleo de los caballos, los cuales debían ser exclusivamente utilizados en la materia bélica. 

Sería el sucesor al trono, Felipe III, quien daría mayor laxitud en este ámbito, obviamente con sus respectivas restricciones. Se podrían adquirir carruajes, pero sin estar ornamentados, pues era costumbre no escatimar en gastos para decorarlos con plata, oro y seda. Asimismo, deberían ir sin cortinas, con el objetivo de siempre visualizar a sus usuarios, mismos que no podrían ir acompañados por mujeres catalogadas como “tuzonas”, es decir, con una reputación de adulteras o promiscuas. Por lo tanto, el uso para las mujeres quedaría limitada a aquellas cuya necesidad fuera extrema. 

Poco a poco, los forlones recuperarían su esplendor ornamental, incluso llegando a tener mayor lujo que el de la corte de Madrid, ante ello, necesariamente hubo un aumento en la demanda de transporte, fue en este momento cuando nació el servicio de “taxis”, dicho de otra manera, del transporte público de los novohispanos. Sería don Manuel Antonio Valdés el personaje de la brillante idea de prestar este servicio, acudiendo inmediatamente al virrey Juan Vicente de Güemes, autoridad que permitió la concesión del transporte. Se debe mencionar que este contaba con 4 sitios, estaban regulados en cuanto a pintura y numeración, además de solo prestar servicio de siete de la mañana a una de la tarde y de tres de la tarde a nueve de la noche. 

Finalmente, ante el aumento de carruajes en la ciudad, sobre todo los dedicados al servicio de transporte público, Félix María Calleja, entonces virrey batallando contra los independentistas, levantaría el primer reglamento que regularía por completo al transporte público, incluso cobrando a las personas que buscaran empleo como choferes. Dando inicio oficial al servicio de taxi para los capitalinos.

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FR/CR

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