La Iglesia católica en México enfrenta una crisis de vocaciones religiosas, con una disminución de hasta el 50% en los últimos 30 años, según estimaciones del Episcopado Mexicano. La falta de relevo generacional ha impactado principalmente en comunidades del norte y sur del país, donde el catolicismo solía ser la doctrina predominante.
El caso de la diócesis de Aguascalientes refleja esta tendencia: mientras en la década de los noventa el seminario contaba con alrededor de 220 estudiantes, actualmente apenas supera los 100. Ricardo Veloz Cuéllar, secretario ejecutivo de la Dimensión Episcopal del Clero, señaló que la reducción en la matrícula es un fenómeno nacional y, en algunos lugares, incluso más drástico.
La vida consagrada, que implica votos de pobreza, castidad y obediencia, ha perdido atractivo entre las nuevas generaciones. Factores sociales y políticos, como el avance de ideologías feministas y cambios culturales, han influido en la disminución de mujeres que buscan ingresar a conventos.
Las zonas más críticas se ubican en Chihuahua, Nuevo León, Durango, Chiapas, Tabasco, Oaxaca y regiones del Bajío, donde la falta de religiosas ha obligado al cierre de conventos.
En cuanto al futuro de la Iglesia, Veloz Cuéllar recordó que durante el Sínodo de la Sinodalidad, convocado por el Papa Francisco entre 2022 y 2024, se discutió la posibilidad de abrir espacios más amplios para las mujeres, aunque el tema quedó en reflexión.
La reducción de vocaciones se suma a la caída en el número de fieles: mientras en los años noventa el 99% de la población mexicana se identificaba como católica, a partir de los 2000 la cifra descendió al 78%.